Ben-Hur. Aviñón 2021



Dirección de Luc Sonzogni con Hugues Duquesne, Mohamed Ouachen, Florian Maubert, Cyril Ledoublee, Olivier Mag y Jo Brami.

Esta obra está en la diana de todo el mundo, unos por que les encanta por su livianez, otros la odian por eso precisamente, no ser suficientemente profunda. Los puritanos del teatro clásico podrán achacar a la cinta que es para tontos por los chistes fáciles que tiene, mientras que otros dirán que el humor de toda la vida es mejor que pedanterías contemporáneas. Lo curioso es que ambos tienen razón, Ben-Hur, como todas las obras más o menos intelectuales, tienen su público, y listo.

Ben-Hur tiene una grandísima misión que consigue a la perfección, hacer llegar un mensaje, una historia complicada, a los jóvenes y niños. En la sala mucha parte del público eran niños de entre 6-15 años. Nunca he visto tantos niños en una sala de teatro, viendo teatro, no comiendo hamburguesas ni mirando el móvil. Este es el verdadero poder de este fantástico show, hacer pasar parte de la historia de judea y los romanos, de una forma dinámica y divertida, a los jóvenes, quienes en un futuro irán a ver una obra del IN de Chejov...Como decíamos, cada obra tiene su público, no las hay mejores o peores.

Los diferentes gags que tiene el guión son tremendos, algunos ya vistos, otros sorprendentes hasta para los muy duchos en la materia teatral. Personalmente el momento en que los protagonistas hacen ruido y no dejan hablar a Jesús, para que luego él diga tenga un divertidísimo discurso respecto al IN, que es, según él, donde debería estar actuando, ganando bien de dinero subvencionado y sin hacer gran cosa. Esta crítica, junto con otras al actual momento político actual que vive Francia, mezclado con un humor completamente pasado de moda y que por eso mismo gusta, hace que esta obra guste. La gente está arta del buenismo reinante, por lo que cuando en la obra se hace un calvo con el culo simulando la luna, o se confunde una cortina negra con la hija que lleva siempre un busca negro, uno misteriosamente se sorprende de ese humor irreverente, que por culpa de una castidad intelectual propia de la Inglaterra de Cromwell (donde llegaron a prohibir los villancicos), la gente tiene miedo de reír. Cuando en una obra como Ben-Hur se ríen de todo, pasando mensajes ambiguos, hace que uno pierda el miedo al humor, consiguiendo sin quererlo, reivindicar el humor sin barreras, sin reglas politizadas que digan de lo que uno se puede reír y de lo que no, donde una mujer pase de Romana a Rumana y de tener libertad a pedir dinero para poder alimentar a su hijo. 

El guión escrito con destreza por Hugues Duquesne y Olivier Mag tiene valentía e ingenio a partes iguales, haciendo humor políticamente incorrecto, que como pasaba el en siglo de oro español cuando se reían de los ricos, o incluso en Juego de Tronos, es un humor que la gente agradece.

Opinión: 4/5





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