Asistir a la creación francesa de La Passagère de Mieczysław Weinberg en el Opéra national du Capitole de Toulouse fue una experiencia profundamente conmovedora, sorprendente y compleja, una mezcla rara y poderosa entre memoria histórica, expresividad musical contemporánea y experimentación escénica. Esta obra, que se presenta por primera vez en Francia tras su estreno escénico en 2010 y una producción muy celebrada en Innsbruck, no es sólo una ópera sobre Auschwitz y sus sobrevivientes, sino una obra que obliga al espectador a preguntarse cómo el arte lírico puede —y debe— confrontar el horror más extremo de la historia humana.