Le Kalinka: un cabaret diferente, una familia en escena y una noche queer en Toulouse
En Toulouse, ciudad de intensa vida cultural y artística, Le Kalinka ocupa desde hace casi veinticinco años un lugar singular. No es un cabaret clásico, ni una simple sala de espectáculos nocturnos, ni un teatro al uso. Es un espacio híbrido, construido a partir de una visión clara del arte escénico y sostenido por una fuerte implicación personal y colectiva. La historia del Kalinka es inseparable de la de los hermanos Stéphane y Yohan Lafage, y de una forma de entender el cabaret como experiencia viva, cercana y comprometida.
La noche del 8 de febrero de 2026, el cabaret acogió la entrega de los Premios DIAM del Festival Queer de Toulouse, en una velada marcada por la solidaridad y la coherencia artística. El Kalinka abrió sus puertas de forma gratuita, ofreció un buffet al público y presentó intervenciones escénicas a lo largo de toda la ceremonia, con artistas actuando de manera voluntaria para apoyar la causa queer y el cine comprometido.
Un cabaret nacido de un deseo profundo
“He querido hacer esto desde siempre. Siempre he querido hacer un cabaret”, explica Stéphane Lafage, fundador, director artístico y coreógrafo del Kalinka. Su proyecto no nace de una moda ni de una estrategia comercial, sino de una necesidad personal ligada a toda una vida dedicada a la danza y al espectáculo.
Desde el principio, Stéphane tuvo claro el espíritu del lugar. “Me gusta el ambiente, un poco underground, un poco la noche”, afirma. Y lo define sin ambigüedades: “No es un cabaret de plumas, es un cabaret diferente”. Esa diferencia se traduce en una propuesta escénica abierta, donde conviven disciplinas diversas y donde no existe una estética única impuesta.
El nombre del cabaret remite a sus orígenes. “La primera troupe que monté era de danzas rusas, y la llamé Kalinka”, recuerda. El nombre permaneció, incluso cuando el proyecto fue evolucionando y ampliando su lenguaje artístico.
Además de Stéphane y Yohan, la troupe artística incluye a otros protagonistas habituales como Élodie Lafage (hermana de los anteriores), Vivian Vitry y una serie de artistas invitados que contribuyen a los distintos espectáculos.
De la enseñanza a las giras
Antes de instalarse en Toulouse, la trayectoria de Stéphane Lafage estuvo marcada por la enseñanza y el movimiento. “Yo era profesor de danza clásica y de danzas de carácter ruso en el Var”, explica. En un momento decisivo, tomó una decisión radical: “Vendí mi escuela de danza y nos fuimos de gira por las rutas de Europa”.
Ese periodo itinerante fue fundamental para la construcción del grupo artístico y del espíritu colectivo que más tarde daría forma al Kalinka. Finalmente, llegó el momento de asentarse. “Después nos instalamos en Toulouse y abrimos el cabaret”, resume. La elección de la ciudad no fue casual. “Venía aquí de vacaciones desde siempre”, explica, y Toulouse ofrecía un contexto favorable para desarrollar un proyecto escénico estable.
Una historia de hermanos y de escenario
La historia del Kalinka es también una historia familiar. Yohan Lafage, bailarín acróbata y gerente del cabaret, creció literalmente sobre los escenarios. “La primera vez que subí a un escenario tenía dos años”, recuerda. A los diez ya actuaba de forma regular: “A partir de los diez años ya hacía giras por campings con compañías de danza”.
Su recorrido escolar fue breve, pero su formación artística intensa. “Dejé la escuela en tercero para lanzarme a la aventura”, explica, y se convirtió en profesional a los dieciséis años. Gran parte de su aprendizaje se dio en el entorno familiar. “Aprendí con mis dos hermanos mayores”, cuenta, mencionando disciplinas como el teatro, la acrobacia, la danza clásica y la danza de carácter ruso.
Con el tiempo, la formación continuó de manera colectiva. “Cuando queríamos aprender una disciplina, contratábamos profesores para la troupe”, explica Yohan. Así se incorporaron el circo, las disciplinas aéreas, el teatro y el canto, que hoy forman parte esencial de los espectáculos del Kalinka.
Qué significa cabaret en el Kalinka
Para Yohan Lafage, la definición de cabaret es clara y directa: “Un lugar donde se bebe, se come y se ve un espectáculo, sea cual sea”. No se trata de un estilo único, sino de una experiencia compartida. “Puede ser un espectáculo berlinés, parisino, teatro, música, un one-man show”, añade.
Esa apertura se refleja en la programación del Kalinka. Stéphane explica que los espectáculos suelen durar “una hora y tres cuartos” y que el público puede elegir cómo vivir la velada. “La gente viene a comer o no, hay carta, menú o cosas pequeñas”, detalla. La libertad del espectador forma parte del concepto.
Trabajo constante y entrega total
Detrás de la ligereza aparente del espectáculo hay un trabajo exigente y continuo. Yohan lo explica con franqueza: “Es mucho trabajo hacer un espectáculo, y todavía más gestionar un lugar”. Sin embargo, la motivación es clara. “En el momento en que subimos al escenario, sabemos por qué hacemos todo esto”.
El ritmo es intenso. “Duermo entre cinco y seis horas por noche”, confiesa. Entre funciones, ensayos y entrenamiento personal, la semana está completamente ocupada. Aun así, la energía se mantiene. “Es porque me encanta mi profesión”, afirma sin dudar.
Cuerpos, edades y diversidad
Uno de los rasgos más distintivos del Kalinka es su relación con los cuerpos y la diversidad. Stéphane Lafage lo expresa con claridad: “La particularidad aquí es que los artistas tienen todas las edades, todos los cuerpos, todos los físicos”. No existe un molde único ni una estética obligatoria.
Actualmente, el cabaret cuenta con “siete artistas durante todo el año, en exclusividad aquí”, explica Stéphane, lo que permite construir un trabajo continuo y una identidad artística coherente.
Yohan subraya esta filosofía: “En el Kalinka se pone en valor a todo el mundo”. Para él, el centro del proyecto son siempre los artistas y su presencia escénica.
Compromiso con la comunidad LGBT+
La relación del Kalinka con la comunidad LGBT+ forma parte de su historia cotidiana. “Cuando llegamos aquí, propusimos el local a muchas asociaciones LGBT”, explica Stéphane. Vive en el propio cabaret con su pareja desde hace más de treinta años, y su compañero se encarga de la regiduría técnica.
“Teníamos ganas de aportar nuestra pequeña piedra a la causa”, dice. Desde entonces, el Kalinka ha acogido espectáculos solidarios, encuentros y eventos vinculados a asociaciones y colectivos queer.
El 8 de febrero de 2026: premios, espectáculo y solidaridad
La noche del 8 de febrero de 2026 concentró ese espíritu. Con motivo de la entrega de los Premios DIAM del Festival Queer de Toulouse, el Kalinka organizó una velada especial. “Habrá pequeños fragmentos de espectáculo gratuitos”, explicó Stéphane. “Todos mis artistas son voluntarios”.
El gesto fue total. “El buffet está ofrecido, todo es gratuito”, añadió. A lo largo de la ceremonia, los números escénicos acompañaron la entrega de premios, creando un ambiente cercano y festivo. “Es nuestra pequeña piedra en el edificio”, resumió Stéphane.
Un lugar que sigue avanzando
Al final de la entrevista, Stéphane lo expresa con sencillez: “Aquí estamos muy bien. Me encanta Toulouse y me encanta mi equipo”. Esa frase resume casi veinticinco años de trabajo, constancia y fidelidad a una visión.
Le Kalinka no busca convertirse en un modelo ni en una excepción. Continúa, noche tras noche, proponiendo un espacio donde el espectáculo, la diversidad y el compromiso conviven con naturalidad. Como recuerda Yohan Lafage, “cuando subimos al escenario, sabemos por qué hacemos todo esto”. Y esa certeza sigue siendo el motor del Kalinka en Toulouse.







