Verona: entre mitos, campanas y piedras que hablan
Por: Noelia Vela y David Sánchez
Quien llega a Verona no tarda en descubrir que cada piedra tiene una historia, y muchas de ellas mezclan realidad y mito. Contactar a Destination Verona & Garda Foundation puede facilitarte muchos las cosas, con consejos gratuitos sobre la ciudad y la región, en nuestro caso fue imprescindible. La ciudad del Véneto no solo conserva vestigios de su grandeza romana y medieval, sino también anécdotas que la han convertido en un lugar único.
El balcón que nunca existió
Miles de parejas cada año se detienen bajo el famoso balcón de Julieta, convencidos de estar ante el escenario de la obra más romántica de Shakespeare. Lo curioso es que ese balcón fue añadido en el siglo XX para satisfacer al turismo. La casa perteneció a la familia Dal Cappello, cuyo apellido recordaba al de los Capuleto, y de ahí nació la leyenda. La estatua de Julieta, en el patio, ha tenido que ser restaurada varias veces porque la tradición de tocar su pecho derecho “para tener suerte en el amor” la desgastó hasta dejarla brillante.
Campanas que marcaban la vida
En la Torre dei Lamberti, construida en 1172, las campanas dictaban el ritmo de la ciudad. La “Marangona” advertía de incendios, mientras que la “Rengo” llamaba a la población a las armas o a las reuniones del consejo. Aquel repicar no solo resonaba en la plaza, sino que podía cambiar el destino de los veroneses en cuestión de segundos. Hoy, desde lo alto de sus 84 metros, la torre ofrece una panorámica que recuerda cómo la ciudad siempre fue vigilada desde arriba.
El castillo que se mira mejor desde fuera
En la colina de San Pietro, los restos de un castillo hablan de guerras y reconstrucciones. Fue edificado por Cangrande II della Scala en el siglo XIV, y siglos después, los austriacos lo convirtieron en cuartel militar. El funicular que lleva a la cima se inauguró en 1941, pero cayó en el olvido hasta que fue rescatado en 2017. Hoy, lo más valioso del lugar no está dentro de sus muros, sino en el atardecer que tiñe de oro los tejados de Verona.
Dante, huésped ilustre
En la Piazza dei Signori se erige la estatua de Dante, colocada en 1865. No es casualidad: el poeta, desterrado de Florencia, encontró refugio en Verona bajo la protección de la familia Scaligeri. Allí escribió parte de su Divina Comedia. Hoy, el aire solemne de la plaza recuerda que esta ciudad fue también un refugio intelectual.
El santo que pescaba en el Adigio
La Basílica de San Zeno guarda el cuerpo del patrón de Verona, aquel obispo del siglo IV al que la tradición describe pescando en el río Adigio. Su carácter afable hizo que fuera recordado como un pastor cercano. La iglesia, con sus puertas de bronce llenas de escenas bíblicas, es también parte de la leyenda de Romeo y Julieta: allí, dicen, se casaron en secreto los jóvenes amantes.
Un puente que murió y resucitó
El Ponte Scaligero, con sus tres arcos de ladrillo rojo, fue considerado una proeza de ingeniería medieval. En 1945, las tropas nazis lo dinamitaron en retirada, pero la ciudad lo reconstruyó piedra por piedra en los años cincuenta. Caminar sobre él hoy es también cruzar la memoria de una Verona que se negó a perder sus símbolos.
Gladiadores y ópera bajo las mismas gradas
La Arena de Verona fue levantada en el siglo I y llegó a albergar a 30,000 personas que acudían a ver combates de gladiadores. En el siglo XX, esas mismas gradas comenzaron a llenarse de amantes de la ópera. Desde entonces, cada verano, la ciudad se convierte en escenario musical. Entre gladiadores y tenores, la Arena demuestra que la voz humana puede emocionar tanto como el rugido de un espectáculo romano.
La Verona que permanece
Entre balcones inventados, campanas que hicieron temblar a toda una ciudad, poetas exiliados y puentes resucitados, Verona se ha tejido un relato donde mito e historia conviven. Sus calles empedradas recuerdan que, a veces, lo que atrae no es solo la arquitectura, sino las anécdotas que han sobrevivido al paso de los siglos.
Fotos: Noelia Vela




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