Un torbellino colectivo. C A R C A Ç A de Marco da Silva Ferreira en el corazón de Dansorama 2026. Théâtre de la Cité
El pasado lunes 9 de febrero asistimos en Toulouse al estreno de C A R C A Ç A, la pieza del coreógrafo portugués Marco da Silva Ferreira que formaba parte de la programación del festival Dansorama —un evento consagrado a la danza contemporánea que se celebra del 4 al 20 de febrero de 2026 en diversos espacios de la ciudad francesa.
El festival, organizado por La Place de la Danse – CDCN Toulouse Occitanie, propone una vista panorámica (“orama”) de la danza contemporánea actual, mezclando voces consolidadas e influencias emergentes alrededor de espectáculos de diferentes estilos y estéticas, en una gira expansiva por teatros e instituciones culturales de Toulouse.
Era en Théâtre de la Cité, un espacio con una vocación multidisciplinar que se ha volcado con la danza durante estas semanas, donde C A R C A Ç A encontraba su lugar dentro de una programación vibrante y variada.
La fiesta del cuerpo colectivo
Desde el primer instante, C A R C A Ç A —creada y dirigida por Marco da Silva Ferreira— impone una energía física arrebatadora. La pieza, de aproximadamente 1 h 15 min de duración, reúne a diez intérpretes acompañados por dos músicos: un percusionista y un creador de música electrónica en vivo.
El dispositivo escénico explota desde el inicio con un clima que recuerda menos a un teatro clásico y más a una rave colectiva, urbana y ritualizada. Movimientos de clubbing, hip‑hop y energía de cypher se mezclan con referencias a danzas folklóricas, invitando a los cuerpos a un diálogo entre lo urbano y lo ancestral.
Los intérpretes —vestidos con prendas que parecen inspiradas en la moda de club contemporánea (básicamente leggings, baskets y cortes libres)— no solo se desplazan: se provocan, chocan, se buscan y se encuentran en la pista que es el escenario. Hay un ritmo imparable en su movimiento, como si las pulsaciones físicas se hubieran sincronizado con el pulso de la música electrificada y las percusiones en vivo.
Entre tradición y trance
Lo que hace singular C A R C A Ç A es la fusión de lo tradicional con lo contemporáneo, de la memoria cultural con el ímpetu del presente. La obra no propone una narración lineal, sino que hace aflorar tensiones, recuerdos e impulsos que se expresan principalmente a través del cuerpo, el ritmo y el espacio compartido por los intérpretes.
Los gestos no se quedan en una sola tradición: el tejido coreográfico navega entre la contundencia de los pasos colectivos y la individualidad de los solos y dúos explosivos. Se advierte un cruce entre los movimientos de clubbing y battles —con su energía urbana y competitiva— y la potencia de danzas que evocan círculos tradicionales o ritos de comunidad.
La música se convierte en otro personaje en escena: percusiones en directo y electrónica no solo acompañan sino que parecen guiar, provocar y sostener las intensidades de cada fase del espectáculo. La vibra musical induce a un trance casi hipnótico, un espacio compartido donde el público también se ve arrastrado por la fuerza del ritmo.
Una experiencia sensorial total
Lo que diferencia a C A R C A Ç A de otras piezas de danza contemporánea es la integración total de elementos sensoriales: movimiento, sonido, luz y presencia física. El espectáculo no deja espacio para la contemplación pasiva. Más bien exige una participación visceral del espectador.
Las luces, que se deslizan con precisión detrás y entre los cuerpos, acentúan los picos de intensidad y los silencios, los quiebres de ritmo y los instantes de comunión. Esta puesta en escena crea la impresión de estar asistiendo a una fiesta ritualizada, casi un ritual colectivo de celebración y reconocimiento.
Identidad, colectivo y memoria
Uno de los aspectos más profundos de C A R C A Ç A tiene que ver con la cuestión de identidad individual y construcción colectiva. La pieza invita a preguntarse cómo los cuerpos individuales se ensamblan en una energía común, cómo la memoria compartida se reconstruye y transforma y qué papel juega el presente en esa cristalización cultural.
No hay una historia con principio y fin, pero sí una narración corporal que emerge de la acumulación de gestos, impulsos y encuentros. El cuerpo se presenta como un archivo vivo y en constante transformación, donde el pasado y el presente no están separados sino que coexisten en un flujo que se extiende hacia el futuro.
Un efecto duradero
Al salir del teatro, una cosa queda clara: C A R C A Ç A no es una pieza que se olvida fácilmente. Más que un espectáculo, es una experiencia totalizante, una invitación a sentir el cuerpo en trance, la comunidad como potencia y la danza como una fuerza viva que se despliega más allá de sus estructuras formales.
En el contexto de Dansorama 2026, C A R C A Ç A se erige no solo como uno de los momentos más electrizantes del festival —que propone una multitud de piezas entre solos sensibles, dúos introspectivos y obras colectivas— sino como un manifesto de la danza contemporánea en diálogo con sus raíces y sus posibilidades futuras.
Lo que vivimos el 9 de febrero en Toulouse fue mucho más que una función de danza. Fue una sacudida física y emocional, un recordatorio de que la danza puede ser un lugar de encuentro entre lo urbano y lo ancestral, entre lo individual y lo comunitario. En un festival que celebra la diversidad de la creación contemporánea, C A R C A Ç A brilla por su fuerza física, su precisión rítmica y su propuesta profundamente humana.




