Festival de Astronomía de Fleurance 2026. Las eclipses en la literatura fantástica: cuando el cielo cambia el destino
¿Qué tienen en común La Odisea, Tintín, Julio Verne, Isaac Asimov, William Shakespeare, H. P. Lovecraft, Berserk o incluso el videojuego Majora's Mask? La respuesta es tan inesperada como fascinante: todos ellos convierten una eclipse en un elemento decisivo de la narración.
Ese fue el punto de partida de la conferencia "Les éclipses dans les littératures de l'imaginaire" ("Las eclipses en las literaturas de la imaginación"), celebrada en el Festival de Astronomía de Fleurance 2026, uno de los encuentros europeos más importantes dedicados a la divulgación de la astronomía.
La charla fue impartida por Raphaël Granier de Cassagnac, físico, novelista de ciencia ficción, divulgador científico y diseñador de videojuegos, cuya trayectoria combina ciencia, literatura y creación audiovisual. El propio programa del festival resumía perfectamente su perfil: un autor capaz de "hibridar ciencia, ficción y juego".
Su propuesta consistía en demostrar que las eclipses no son únicamente un fenómeno astronómico espectacular, sino uno de los recursos narrativos más poderosos de la literatura y la ficción. Para ello recorrió más de dos mil años de historia cultural, desde Homero hasta el manga contemporáneo, mostrando cómo la desaparición momentánea del Sol o de la Luna ha servido para cambiar destinos, revelar verdades ocultas o desencadenar el terror.
Más que una conferencia sobre astronomía, fue un viaje por la imaginación humana.
Tres maneras de contar una eclipse
Granier de Cassagnac estructuró toda la conferencia alrededor de tres funciones narrativas.
La bascule: el cambio
La eclipse altera el curso de la historia.
Permite que un personaje cambie su destino aprovechando un conocimiento reservado a unos pocos.
La revelación
La eclipse descubre una verdad.
Puede tratarse de una verdad científica, filosófica o incluso sentimental.
El terror
La desaparición de la luz deja de ser maravillosa para convertirse en el anuncio del caos, de la locura o del fin del mundo.
A partir de estos tres conceptos fue enlazando obras muy diferentes entre sí, demostrando que un mismo fenómeno celeste puede adquirir significados completamente distintos según la época y el autor.
Homero y la primera eclipse literaria
Uno de los primeros ejemplos aparece en La Odisea.
En el canto XX, poco antes de la venganza de Ulises contra los pretendientes, el adivino Teoclímeno anuncia:
"El Sol ha desaparecido del cielo; una oscuridad terrible nos rodea."
Desde hace décadas algunos investigadores sostienen que Homero podría estar describiendo una eclipse solar real.
Gracias a los modernos catálogos astronómicos —como los elaborados por la NASA— algunos especialistas han propuesto que ese episodio podría corresponder a una eclipse total ocurrida hacia 1178 a. C.
No existe una certeza absoluta, pero constituye uno de los primeros intentos de utilizar un fenómeno astronómico para fechar una obra literaria.
El conferenciante recordó además que las referencias históricas a eclipses son incluso anteriores. Una antigua tradición china cuenta que hacia 2137 a. C. dos astrónomos imperiales fueron ejecutados por no haber predicho una eclipse, muestra de la enorme importancia política y religiosa que estos fenómenos tenían desde los primeros registros escritos.
La eclipse como instrumento de poder
Uno de los mecanismos narrativos más repetidos consiste en utilizar el conocimiento astronómico para dominar a quienes lo desconocen.
Cristóbal Colón
El ejemplo histórico más famoso ocurrió en 1504, durante el cuarto viaje de Cristóbal Colón.
Varado en Jamaica y sin provisiones, Colón sabía gracias al almanaque astronómico de Abraham Zacuto que iba a producirse una eclipse total de Luna.
Anunció entonces a los jefes indígenas que su Dios haría desaparecer la Luna como castigo por negarse a alimentar a los españoles.
Cuando la Luna comenzó a oscurecerse, el efecto fue inmediato.
Según relató su hijo Fernando Colón, los indígenas acudieron aterrorizados llevando alimentos y suplicando al almirante que intercediera para devolver la Luna al cielo.
El episodio constituye uno de los ejemplos históricos más conocidos del uso del conocimiento científico como instrumento de manipulación.
Cuando la historia inspira a la ficción
Ese mismo recurso aparece repetidamente en la literatura.H. Rider Haggard
En Las minas del rey Salomón (1885), el protagonista utiliza una eclipse de Luna para hacerse pasar por un enviado divino entre los kukuanas.
La estructura narrativa reproduce prácticamente el episodio protagonizado por Cristóbal Colón.
Mark Twain
En Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889), Hank Morgan evita ser ejecutado anunciando una eclipse solar.
Granier de Cassagnac señaló un detalle muy curioso.
Twain sitúa la acción el 21 de junio del año 528, pero al consultar los registros modernos puede comprobarse que ese día nunca hubo una eclipse total.
La precisión astronómica no era lo importante.
Lo importante era el efecto dramático.
Tintín y El templo del Sol
Quizá el ejemplo más conocido sea El templo del Sol, de Hergé.
Tintín, condenado a morir en la hoguera por los incas, conoce con antelación la llegada de una eclipse solar.
Cuando el Sol desaparece ordena que vuelva la luz y consigue salvar su vida.
La conferencia recordó que este episodio sigue exactamente el mismo esquema narrativo utilizado siglos antes por Cristóbal Colón.
Kepler: una eclipse abre el camino hacia la Luna
Uno de los ejemplos más sorprendentes fue El Sueño (Somnium), de Johannes Kepler.
Escrito en 1609, suele considerarse uno de los primeros relatos de ciencia ficción.
Kepler imagina que unos espíritus sólo pueden desplazarse a través de la sombra.
Por ello:
el viaje de la Tierra a la Luna únicamente puede iniciarse durante una eclipse de Luna;
el regreso sólo resulta posible durante una eclipse de Sol.
Aquí la eclipse deja de ser un fenómeno espectacular para convertirse literalmente en un portal entre dos mundos.
Además, Kepler aprovecha el relato para describir cómo sería la astronomía observada desde la Luna, invirtiendo completamente el punto de vista terrestre.
La eclipse como revelación científica
El segundo bloque de la conferencia estuvo dedicado a aquellas historias donde una eclipse cambia nuestra comprensión del universo.
Aryabhata
Antes de entrar en la ficción, Granier de Cassagnac recordó la figura del matemático indio Aryabhata.
Frente a la creencia tradicional de que las eclipses eran provocadas por demonios, Aryabhata explicó correctamente que se trataba del resultado geométrico de las posiciones relativas entre la Tierra, la Luna y el Sol.
Era una auténtica revolución intelectual.
El propio conferenciante explicó que ese episodio inspira una escena de su videojuego Chronographe, donde el jugador presencia el momento en que Aryabhata predice una eclipse total de Sol, simbolizando el triunfo de la razón sobre la superstición.
Isaac Asimov y la noche imposible
Uno de los momentos más brillantes de la conferencia estuvo dedicado a Nightfall (Anochecer), de Isaac Asimov.
La historia transcurre en un planeta iluminado por seis soles.
Nunca existe la noche.
Cada 2.049 años una Luna eclipsa el único Sol visible y el planeta entero queda sumido en la oscuridad.
Por primera vez sus habitantes contemplan las estrellas.
Pero aquella revelación no produce admiración.
Produce locura.
Incapaces de comprender semejante inmensidad, los habitantes entran en pánico, incendian sus ciudades y destruyen su propia civilización.
Aquí la eclipse no cambia simplemente una situación.
Cambia para siempre la visión del universo.
Julio Verne y el rigor del cálculo
Julio Verne apareció varias veces durante la conferencia.
En El país de las pieles (1873), un astrónomo viaja al Ártico para observar la eclipse total de Sol del 18 de julio de 1860.
Todo ha sido cuidadosamente calculado.
Sin embargo, cuando llega el momento esperado descubre que la eclipse no resulta total.
La sorpresa desencadena toda la historia.
Como resumió el conferenciante:
"El rigor del cálculo se convierte en el motor dramático."
La precisión científica deja de ser un decorado para convertirse en el elemento esencial de la narración.
Granier de Cassagnac también recordó El rayo verde, donde la desaparición del Sol tiene un significado completamente distinto y sirve para hablar del amor y del descubrimiento de uno mismo.
Cuando la eclipse simboliza el amor
No todas las eclipses anuncian desgracias.
En Prometeo liberado, Percy Shelley convierte la sombra proyectada entre la Tierra y la Luna en una metáfora del encuentro amoroso entre ambos astros.
El conferenciante enlazó esta idea con un poema de Jacques Prévert, donde el Sol y la Tierra aparecen enamorados, y con la célebre canción Le Soleil et la Lune, de Charles Trenet.
Su conocido estribillo dice:
"El Sol tiene una cita con la Luna, pero la Luna no está allí y el Sol espera."
La misma eclipse capaz de provocar terror puede convertirse también en una imagen poética del encuentro, la espera o el amor.
Shakespeare: superstición frente a razón
El tercer bloque estuvo dedicado al miedo.
Uno de los ejemplos más interesantes fue El rey Lear (1606).
Granier de Cassagnac explicó que Shakespeare probablemente se inspiró en dos eclipses reales ocurridas en 1605, una lunar y otra solar.
En la obra, Gloucester interpreta estos fenómenos como la causa de todas las desgracias del reino:
"Estas últimas eclipses de Sol y de Luna no nos presagian nada bueno."
Las eclipses explicarían la ruptura entre padres e hijos, las traiciones y el caos político.
Sin embargo, Shakespeare introduce inmediatamente el punto de vista contrario.
Edmund responde burlándose de esa superstición:
"Cuando nuestra fortuna va mal, hacemos responsables de nuestros desastres al Sol, la Luna y las estrellas."
El conferenciante destacó que esta escena resume perfectamente la tensión entre pensamiento mágico y explicación racional que acompaña a las eclipses desde la Antigüedad.
Lovecraft: el horror de lo imprevisible
En The Other Gods (1921), H. P. Lovecraft lleva el recurso todavía más lejos.
El sabio Barzai asciende a una montaña prohibida para contemplar a los dioses.
Durante la ascensión se produce una eclipse que nadie había previsto.
No aparece en ningún libro.
Ningún ser humano la esperaba.
Ni siquiera los dioses conocidos parecen comprender lo que sucede.
Barzai desaparece para siempre.
Para Granier de Cassagnac, aquí reside el auténtico terror lovecraftiano.
Mientras Aryabhata, Colón o Kepler dominaban el conocimiento de las eclipses, Lovecraft imagina precisamente una eclipse imposible de predecir.
El miedo nace de descubrir que existen fuerzas cósmicas completamente ajenas al entendimiento humano.
Berserk: la eclipse como sacrificio
El recorrido terminó con el manga Berserk, de Kentarō Miura.
En esta obra, los lectores hablan simplemente de "La Eclipse", con mayúsculas.
Durante una eclipse solar se activa el artefacto maldito de Griffith, que abre un portal hacia las entidades conocidas como la God Hand.
Para alcanzar el poder absoluto deberá sacrificar a todos sus compañeros.
La eclipse deja de ser un presagio.
Es el propio ritual que transforma el mundo.
Mucho más que un fenómeno astronómico
Tras recorrer más de dos mil años de literatura y cultura popular, la conclusión resultó evidente.
La eclipse nunca ha sido únicamente un fenómeno astronómico.
Para Homero es un presagio.
Para Cristóbal Colón, una herramienta de poder.
Para Kepler, una puerta entre mundos.
Para Aryabhata, el triunfo de la razón.
Para Julio Verne, un desafío científico.
Para Shelley, una metáfora del amor.
Para Shakespeare, el enfrentamiento entre superstición y racionalidad.
Para Asimov, la revelación de una verdad insoportable.
Para Lovecraft, la prueba de que el universo es mucho más extraño de lo que imaginamos.
Y para Berserk, el instante ritual que cambia para siempre el destino de sus personajes.
La conferencia de Raphaël Granier de Cassagnac demostró que, cuando el Sol desaparece durante unos minutos, no sólo cambia el cielo. También cambia la forma en que los escritores imaginan el mundo. Desde la épica griega hasta la ciencia ficción, pasando por el cómic, el manga y los videojuegos, las eclipses siguen siendo uno de los símbolos más poderosos de la literatura de la imaginación.
