Becherovka: el licor que convirtió a Karlovy Vary en un destino también para los amantes de la historia y la tradición
Quien visita Karlovy Vary suele llegar atraído por sus elegantes columnatas, sus aguas termales o el prestigioso Festival Internacional de Cine. Sin embargo, existe otro símbolo inseparable de esta ciudad balneario que lleva más de dos siglos formando parte de su identidad: la Becherovka, un licor de hierbas cuya historia se entrelaza con la evolución de la propia localidad.
Recorrer el Museo Becherovka es mucho más que conocer el proceso de elaboración de una bebida. Es adentrarse en un relato que mezcla farmacia, medicina, comercio internacional, tradición familiar y algunos de los episodios más convulsos de la historia centroeuropea.
Todo comenzó en 1807, cuando el farmacéutico Josef Vitus Becher desarrolló una receta basada en una cuidada selección de hierbas y especias. En aquella época, los balnearios de Karlovy Vary recibían a visitantes de toda Europa que acudían en busca de tratamientos para mejorar su salud. En ese contexto, el nuevo licor nació como un producto medicinal destinado a favorecer la digestión.
Con el paso de los años dejó de ser considerado únicamente un remedio para convertirse en una bebida apreciada por su sabor característico. Su mezcla de ingredientes sigue siendo uno de los secretos industriales mejor guardados del país. Solo un número muy reducido de personas conoce la fórmula completa, un misterio que ha contribuido a alimentar la leyenda de la marca durante generaciones.
La visita al museo permite descubrir cómo evolucionó la producción desde un pequeño establecimiento farmacéutico hasta una empresa capaz de exportar su producto a numerosos mercados internacionales. Fotografías históricas, documentos originales, antiguas botellas y maquinaria muestran la transformación de una empresa familiar que logró sobrevivir a guerras, cambios políticos y profundas transformaciones económicas.
Uno de los aspectos más interesantes del recorrido es comprobar cómo la historia de Becherovka refleja también la compleja historia de la región de Bohemia. Tras la Segunda Guerra Mundial, la familia Becher perdió el control de la empresa durante la nacionalización impulsada por el régimen comunista en la entonces Checoslovaquia. Durante décadas, la producción continuó bajo control estatal, mientras la marca mantenía su prestigio tanto dentro como fuera del país.
Con la llegada de la democracia y la transición hacia una economía de mercado, Becherovka inició una nueva etapa que permitió modernizar la producción sin renunciar a sus métodos tradicionales. Hoy la bebida continúa elaborándose en Karlovy Vary, preservando buena parte de un proceso artesanal que sigue siendo uno de sus principales elementos diferenciadores.
El museo explica también algunos de los pasos fundamentales de la fabricación. La maceración de las hierbas, la mezcla con alcohol de alta calidad, el envejecimiento y el reposo en barricas forman parte de un procedimiento cuidadosamente controlado. Aunque los visitantes conocen numerosas fases del proceso, la combinación exacta de ingredientes permanece protegida con absoluto hermetismo.
Durante el recorrido resulta inevitable fijarse en el inconfundible diseño de la botella verde, convertida desde hace décadas en un icono fácilmente reconocible. Su imagen apenas ha cambiado con el paso del tiempo, una muestra de cómo la marca ha sabido conservar su identidad mientras se adaptaba a las nuevas tendencias del mercado internacional.
La visita concluye con una degustación guiada que permite descubrir la evolución de la marca a través de cuatro de sus principales variedades. La primera fue Becherovka Original, la receta histórica creada en 1807, con un perfil intenso de hierbas, especias y un ligero toque amargo que mantiene su carácter digestivo. A continuación probamos Becherovka Cordial, una versión más suave y dulce, elaborada con flores de tilo y vino blanco, pensada para quienes prefieren un licor más aromático y menos seco. La tercera fue KV14, un aperitivo con mayor graduación alcohólica y la incorporación de vino tinto, de sabor más robusto, con notas amargas que recuerdan a algunos aperitivos italianos. Finalmente degustamos Becherovka Fruits & Herbs Lime & Basil, la propuesta más moderna de la casa, donde el frescor de la lima y el aroma de la albahaca aportan un perfil mucho más ligero y refrescante, pensado para consumirse solo con hielo o como base de cócteles. Esta cata permite comprobar cómo una misma tradición centenaria ha sabido diversificarse para adaptarse a los gustos de distintas generaciones sin perder la identidad que ha convertido a Becherovka en uno de los grandes emblemas de Karlovy Vary.
Más allá del aspecto gastronómico, el museo consigue transmitir la importancia económica y cultural que Becherovka ha tenido para Karlovy Vary. Durante generaciones, miles de trabajadores participaron en su elaboración, distribución y comercialización, contribuyendo al desarrollo de la ciudad como uno de los grandes centros termales de Europa Central.
Para muchos visitantes internacionales, descubrir esta historia supone comprender mejor por qué la bebida aparece en prácticamente todos los restaurantes, hoteles y tiendas de recuerdos de la ciudad. La Becherovka se ha convertido en una especie de embajadora de Karlovy Vary, tan representativa como sus aguas minerales o su arquitectura de inspiración imperial.
El recorrido también invita a reflexionar sobre la estrecha relación entre la tradición farmacéutica y el nacimiento de muchas bebidas espirituosas europeas. En siglos pasados, numerosos licores comenzaron siendo preparados medicinales elaborados por boticarios que combinaban plantas aromáticas con alcohol para facilitar la digestión o aliviar distintas dolencias. Becherovka es uno de los ejemplos que mejor ha conservado ese legado.
Visitar el Museo Becherovka supone añadir una dimensión distinta a cualquier estancia en Karlovy Vary. Frente al bullicio del festival de cine o al relajado ambiente de los balnearios, este espacio ofrece una inmersión en una parte esencial de la memoria de la ciudad.
Porque entender Karlovy Vary no consiste únicamente en recorrer sus elegantes paseos o probar sus famosas aguas termales. También implica descubrir cómo una receta creada hace más de doscientos años terminó convirtiéndose en uno de los productos checos más conocidos del mundo, un símbolo nacional que sigue despertando curiosidad entre viajeros de todos los continentes y que mantiene viva una tradición iniciada por un farmacéutico cuya creación trascendió con creces el propósito con el que nació.






