Megève, mucho más que una estación de esquí: el pueblo francés donde el arte y la montaña hablan el mismo idioma
A primera vista, Megève parece cumplir todos los tópicos de una exclusiva estación alpina: hoteles de lujo, chalés de madera perfectamente cuidados, restaurantes de prestigio y visitantes llegados de todo el mundo. Sin embargo, basta caminar unos minutos por sus calles para descubrir que este rincón de la Alta Saboya ofrece mucho más que nieve y deportes de invierno.
Situado en el dominio Evasion Mont-Blanc, el pueblo dispone de 400 kilómetros de pistas que alcanzan los 2.487 metros de altitud, pero cuando desaparece la nieve, el paisaje se transforma en una red de senderos para excursionistas y ciclistas de montaña. Con 35 hoteles, 125 restaurantes y bares, 19 centros de bienestar, un casino y un centro histórico completamente peatonal, Megève ha conseguido consolidarse como uno de los grandes destinos turísticos de los Alpes franceses durante todo el año.
El recorrido comienza precisamente en ese casco histórico donde la arquitectura tradicional de Saboya se conserva con notable fidelidad. Las antiguas construcciones de piedra y madera conviven con galerías de arte, tiendas de diseño y cafés, creando una atmósfera elegante sin perder la escala de un auténtico pueblo alpino.
La relación de Megève con el arte contemporáneo resulta sorprendente. En el Espace d'Arts Moderne et Contemporain Edith Allard, Pierre Margara presenta una amplia retrospectiva de su trabajo bajo el título L'intuition des Cimes. El escultor, que lleva más de medio siglo vinculado a la localidad, sigue defendiendo la talla directa como una forma de creación basada en la intuición y la emoción frente a los procesos automatizados. Sus esculturas monumentales forman parte del paisaje cultural francés desde hace décadas.
Otro recorrido imprescindible invita a mirar hacia arriba. La fotógrafa Adriana Muffat Jeandet dedica su exposición Faire Montagne al arquitecto Henri-Jacques Le Même, responsable de redefinir el chalet alpino durante el siglo XX. Su propuesta consistía en adaptar la vivienda tradicional a las necesidades de los esquiadores sin romper la armonía con el paisaje. Los paneles fotográficos instalados al aire libre permiten seguir la evolución de una arquitectura que terminó convirtiéndose en referencia internacional.
La ciencia también dejó huella entre estas montañas. El Museo Curie recuerda las estancias de Irène y Frédéric Joliot-Curie en Megève durante los años veinte y treinta. Antes de recibir el Premio Nobel de Química, ambos encontraron aquí un espacio donde combinar descanso, deporte y reflexión científica, una faceta poco conocida de sus vidas que la exposición recupera mediante fotografías y documentos históricos.
La experiencia alpina continúa en establecimientos como La Ferme du Golf, una antigua granja convertida en alojamiento que conserva el ambiente tradicional de la región mientras ofrece los servicios del grupo Edmond de Rothschild Heritage. Su ubicación junto a las pistas y las vistas sobre el valle resumen bien la filosofía de Megève: confort sin excesos y una estrecha conexión con la naturaleza.
La cocina ocupa igualmente un lugar destacado en la identidad del pueblo. En La Table des Cochers, un tentáculo de pulpo acompañado de mantequilla noisette, puré de maíz y chermoula demuestra que la gastronomía de montaña también sabe reinventarse. A pocos pasos, el restaurante 45 La Bonne Latitude propone una mousse de chocolate enriquecida con paprika ahumada, aceite de oliva y crème montée, una combinación que rompe con los sabores tradicionales sin perder equilibrio.
Megève ha construido su prestigio gracias al esquí, pero su personalidad va mucho más allá de las pistas. Arte, arquitectura, historia, ciencia y gastronomía conviven en un mismo escenario, ofreciendo una imagen de los Alpes franceses donde la cultura tiene tanto protagonismo como la montaña.
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