MONASTERIO SANTA CATALINA. Arequipa, Perú


Único en el mundo con ciudadela


Fundado en el año 1579. El Monasterio de Santa Catalina pertenece a la orden Dominica y alberga todavía monjas de clausura en una zona reservada, quienes conducen la iglesia de Santa Catalina, adyacente al monasterio, en Arequipa, Perú.
Constituye un monumento de gran magnitud, construido sobre un terreno de más de 20,000 metros cuadrados. Tiene tres claustros, múltiples calles y pasajes, alrededor de ochenta casas que fueron viviendas de religiosas, una plaza y una pinacoteca, entre otros. Es muy apreciada su valiosa colección de más de 400 pinturas, la mayoría de la escuela cusqueña.

Totalmente construido en sillar, es uno de los mayores valores arquitectónicos de la América Virreinal.
La apertura del Monasterio de Santa Catalina al público, en el año 1970, fue un acontecimiento que convirtió a Arequipa en un centro turístico de nivel internacional.


LOCUTORIO

Por aquí las religiosas se comunicaban con el mundo exterior. La comunicación se daba a través del doble enrejado. Los tornos servían para el intercambio de diversos productos. Se observa una semi-penumbra por la filtración de la luz a través de un tipo de alabastro llamado "Piedra de Huamanga".
EL GRABADO: VEHÍCULO DE IDEAS ARTÍSTICAS Y RELIGIOSAS EN LA COLONIA

Un grabado es un diseño producido abriendo surcos sobre una plancha de cobre, entintando estos surcos, y transfiriendo este diseño entintado a una hoja de papel mediante una prensa.

Una vez creado un grabado, es fácil crear otro, pues la plancha de cobre puede limpiarse y volverse a entintar, y someterse nuevamente a la acción de la prensa. Estas operaciones pueden repetirse cientos de veces, produciéndose así cientos de grabados desde una plancha de cobre. Además los grabados son tan fáciles de transportar como las hojas de papel entintado que son. Así pues, antes del advenimiento de la fotografía, las ideas artísticas y religiosas pudieron viajar por todo el mundo gracias a la abundancia y portabilidad del grabado.

A fines del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, muchos grabados producidos en Amberes, entonces capital europea del grabado, viajaron a París. Allí fueron copiados, en grandes tirajes y a bajo costo, en las inmediaciones de los barrios universitarios de la ciudad, donde operaban cientos de grabadores, impresores, en cuadernadores, y libreros. Muchos de estos grabados llegaron a España siguiendo El Camino de Santiago-ruta que tomaban millares de peregrinos a Santiago de Compostela, ciudad en la cual descansaban, supuestamente, los restos del Apóstol Santiago.

Siguiendo El Camino de Santiago, los grabados parisinos entraban a España por Pamplona y seguían a Burgos. Desde ahi viraban hacia el sur, dirigiéndose primero a Madrid y luego Sevilla, desde donde se embarcaban en un largo periplo transatlántico a la América Española. Ahí estos grabados sirvieron principalmente de modelos para obras pías pintadas o esculpidas por artistas indígenas. El uso de tales obras como didáctica de evangelización y estímulo de devoción había sido dictado por el Concilio de Trento, celebrado a fines del siglo XVI, en respuesta a la iconofobia protestante.

En esta muestra veremos los efectos de grabados producidos en Amberes y reproducidos en París sobre la pintura colonial. Hay dos series de pinturas cusqueñas hoy en colecciones arequipeñas: una sobre la Vida y Milagros de Santa Catalina de Siena y otra sobre Anacoretas. Otras series de pinturas con orígenes parisinos pueden apreciarse en el Convento de Santa Teresa y en la Iglesia de la Compañía de esta ciudad.

VIDA Y MILAGROS DE SANTA CATALINA DE SIENA

La Pinacoteca del Monasterio de Santa Catalina de Siena de Arequipa alberga una importante serie de pinturas sobre la vida y milagros de la santa titular de dicho monasterio. Las pinturas fueron realizadas entre 1650 y 1680 por un maestro cusqueño no identificado, quien produjo la serie aplicando pintura al temple y al óleo sobre lino. Hoy la serie consta de 34 cuadros, aunque una visita eclesiástica de 1680 afirma que, en ese entonces, la serie tenía 44. Y que todos estos cuadros colgaban sobre los muros del templo de este monasterio.
Un estudio detallado de los cuadros catalinos sugiere que 27 de las pinturas de esta serie derivan de un ciclo de grabados producidos en 1607 por Jean Leclerc IV en un taller de impresión parisino ubicado en el barrio universitario de La Sorbona, y más específicamente en la Rue Saint Jean de Latran, hoy Rue de Latran bajo la insignia de la Salamandra Regia.

Pero aún cuando las pinturas catalinas partan de grabados, no todo surge de ellos, ya que los grabados de Leclerc sufrieron transformaciones una en serie de manos del maestro cusqueño. Así, los cuadros catalinos son verdaderas traducciones del lenguaje gráfico del grabado al lenguaje pictórico de la pintura. También representan adaptaciones a necesidades locales. Nótese, por ejemplo, los cambios de escala y de formato que sufren los grabados. Éstas se deben al cambio de función que exhiben las imágenes grabadas al convertirse en pinturas: de ser imágenes de devoción privada y personal pasan a ser imágenes de devoción pública y colectiva.
Otro ejemplo de adaptación de la serie grabada se ve en el hábito que viste Santa Catalina en los cuadros de la serie de pinturas. Resulta que lleva el velo negro, como si fuera una monja dominica (segunda rama de la orden dominica), y no el velo blanco que se ve en los grabados y que le correspondía Catalina a como dominica laica que fue (tercera rama de la orden dominica). Este uso de velos negros en la iconografía de la santa se debe, probablemente, a que los cuadros fueron encargados por conventos de monjas, no por organizaciones de dominicas laicas. Esta es, pues, otra adaptación a necesidades locales. Y podríamos citar otras más. El barroquismo de las cartelas, por ejemplo. O la incorporación de querubines, criaturas muy caras a la pintura cusqueña.

SANTA CATALINA DE SIENA

Religiosa dominica italiana, célebre por sus éxtasis místicos y revelaciones, bajo cuya advocación se fundó este convento.

Nació en Siena en el año 1347 y fue la penúltima de los hijos del matrimonio Benincasa-Piangenti. En 1363 tomó el hábito de la Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo, dedicándose con gran austeridad a la oración, ayuno y penitencia. Llevaba una vida llena de sacrificios cuando en 1370, a los 23 años, recibió a través de una visión, la misión de dedicarse a la vida de apostolado.

Considerada una de las mujeres más notables de su época, fue consejera de papas, príncipes y repúblicas, promovió la paz y la concordia, induciendo a Gregorio XI a abandonar Aviñón en 1376.

Escribió importantes obras, como su Diálogo, donde dejó claros testimonios de enseñanza espiritual y teológica.

Viste el hábito blanco y negro de la Orden de Predicadores, sus atributos son una corona de espinas, un crucifijo y una azucena en las manos y, en ocasiones, lleva las cinco llagas en sus manos, pies y corazón.

Murió en Roma, el 29 de abril de 1380. Pio II la canonizó en 1461. En 1970, junto con Santa Teresa de Jesús, el papa Pablo VI la declaró Doctora de la Iglesia.


SILENCIO

El Monasterio de Santa Catalina de Siena es un lugar de paz y recogimiento, obra maestra de la arquitectura de Arequipa.
Las edificaciones de este monasterio tienen una antigüedad que va del siglo XVI al siglo XX. Su evolución ha estado signada por los movimientos sísmicos que sacudieron periódicamente a la región. Adiciones, reconstrucciones y modificaciones, con el perfeccionamiento en el uso de los materiales y la adaptación de técnicas europeas y nativas a las peculiaridades de la piedra volcánica o "sillar" de que está hecho, convirtieron al Monasterio de Santa Catalina en una verdadera ciudadela en el corazón de la ciudad. El conjunto ejemplifica mejor que ningún otro la evolución arquitectónica de Arequipa y su proceso mestizo, especialmente notorio en la ornamentación. Arcos, bóvedas, cúpulas, contrafuertes, plazuelas, claustros con arquería y abigarrados aposentos de anchos muros han sido pintados con una gama cromática a base de pigmentos naturales que realza la textura de la piedra volcánica. El Monasterio de Santa Catalina fue abierto al público en 1970, tras trescientos noventa y un años de clausura.
El siglo XVI significó para el mundo y, en especial para el continente americano, el inicio de una era de cambios profundos. En 1532 empieza la conquista española de los Incas, que proseguirá en los lustros siguientes en medio de grandes conflictos y guerras civiles. Apaciguados, al menos en parte, sus nuevos dominios, los conquistadores se abocan a reproducir aquí instituciones y costumbres de sus lejanas tierras. Dada la importancia de la religión católica en la empresa conquistadora y el protagonismo de las órdenes religiosas en la evangelización del llamado Nuevo Mundo, la institución del monacato no tarda en hacer también su arribo.

Arequipa fue fundada por órdenes de Francisco Pizarro el 15 de agosto de 1540. En 1579 es fundado, a su vez, el Monasterio de Santa Catalina, que se precia de ser el primer centro de recogimiento perpetuo para mujeres de la Orden de Santo Domingo en el Virreinato del Perú. Poco después surgieron el Monasterio de Santa Catalina de Quito (1592) y el del Cusco (1601). En Lima, el primer convento de monjas dominicas, llamado también de Santa Catalina, surge en 1624. Todos los monasterios tenían como objetivo primordial "la salvación de las almas del purgatorio".

SANTA CATALINA EN AREQUIPA

En 1568 el Cabildo, Justicia y Regimiento de Arequipa intentó fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Gracia. Con tal propósito compró una serie de terrenos en el área que actualmente ocupa Santa Catalina, sumando más de veinte mil metros cuadrados, pero no pudo ver cumplidos sus deseos porque el monasterio no fue aprobado por las autoridades eclesiásticas y virreinales.

El 10 de septiembre de 1579, gracias a los desvelos de la viuda María de Guzmán y con el debido permiso del Virrey Francisco de Toledo y del Obispo del Cusco, Sebastián de Lartaún, se suscribió solemnemente el documento fundacional del Monasterio de Santa Catalina de Siena. En el mismo acto postularon y fueron admitidas como monjas la citada María de Guzmán, de 36 años, Ana Gutiérrez de 24 años, Juana Pérez, de 18 años, Ana de Jesús, doncella pobre, Gerónima de Sena y Quiteria de Berrío.
Arequipa pasó entonces a tener seis conventos de religiosos y uno de monjas. El más antiguo era el de Santo Domingo (1540), al que siguieron los de San Francisco (1551), La Merced (1548), San Agustín (1572) y la Compañía de Jesús (1573). A pocas décadas de su fundación el Monasterio de Santa Catalina reunía a 46 religiosas. El siguiente convento femenino creado en nuestra ciudad fue el Monasterio de Santa Teresa (1710), de carmelitas descalzas.

PIANO

Este piano, construido por George Astor entre 1798 y 1814 y registrado con el número 7098, tiene 68 teclas. Es del tipo de piano cuadrado, que tiene secuencias horizontales dispuestas diagonalmente a través del caso rectangular sobre los martillos y con el teclado fijado en el lado largo. Fue traído desde Londres.
MISTICISMO Y SANTIDAD

Para lograr la unión inefable del alma con Dios, objetivo final de la vida religiosa, es necesario ascender por el "camino místico." Esta ascensión se logra a través de la oración y la meditación, que dan tranquilidad y fuerza interior para superar las flaquezas humanas; y apelando también a la mortificación del cuerpo mediante ayunos prolongados, ropa ruda, desvelos, posturas incómodas, cilicios y disciplinas, a fin de mantenerlo con lo mínimo indispensable para que no desfallezca y pueda triunfar sobre las limitaciones de la carne.
La vía mística tiene tres etapas: la purgativa o penitente; la iluminativa, centrada en la oración contemplativa; y la unitiva, que culmina, al decir de Santa Teresa, con el "desposorio místico". A medida que se logra la perfección espiritual se puede entrar en éxtasis: la suspensión de los sentidos permite visiones y revelaciones. Los "desposorios místicos" con Cristo hacen a las religiosas copartícipes de su martirio. Sin embargo, sólo con la muerte quedan los desposorios consumados y se logra el encuentro definitivo con Cristo.


SIERVAS DE DIOS

La primera mujer americana en ser llevada a los altares por su admirable misticismo fue la terciaria dominica Santa Rosa de Lima (1586-1617), quien vistió el hábito de la Orden desde 1606 y fue canonizada en 1672, después de haber sido proclamada "Patrona Universal y Principal de toda la América y dominios de España". Precisamente en Arequipa, en agosto de 1747 se funda el convento de Santa Rosa, segundo monasterio de monjas dominicas de la ciudad.
La religiosa emblemática del Monasterio de Santa Catalina es, sin duda, la beata arequipeña Sor Ana de los Angeles Monteagudo (1603-1686). Sor Ana fue educada desde los tres años por las monjas y optó en la adolescencia por volver a la vida conventual y entregarse a Dios en vez de acatar las disposiciones paternas para que contrajera matrimonio.

Debió profesar a principios de 1620. En 1648 fue elegida Priora y puso especial énfasis en la puntual obediencia de la Regla y las Constituciones. Sus acertadas predicciones y algunos hechos prodigiosos y milagrosos le fueron reconocidos en vida. La imitación de Cristo la llevó a practicar severos ayunos y penitencias. No obstante, semejantes desvelos, conoció la longevidad: murió el jueves 10 de enero de 1686. Se llegaron a señalar 68 predicciones cumplidas. Sor Ana fue beatificada el 2 de febrero de 1985, con motivo de la visita de Su Santidad Juan Pablo II a Arequipa. Sus restos reposan en la Iglesia del Monasterio.


LAS MADRES DOMINICAS DEL CONVENTO DE SANTA CATALINA (en la actualidad)

"Desde los inicios de la fundación de Arequipa se vio la necesidad de fundar un convento de Madres Dominicas contemplativas y se Oficializo el pedido después de obtener las provisiones del Virrey Francisco de Toledo en 1576.el monasterio se fundó de manera oficial posteriormente en el año de 1579.

En la actualidad somos 21 hermanas de edades comprendidas entre los 25 y los 100 años así como dos jóvenes novicias de 18 años.

En esa serenidad que el corazón ha ido amasando en las horas de silencio y en la escucha de Dios, desde la perseverante alabanza que brota de un corazón agradecido, podemos reconocer el paso de Dios en las pequeñas cosas de cada día.

Nuestro espíritu nos lleva a hacer una oración de intercesión y reparación para que toda la humanidad se salve.

Nuestra jornada comienza a las 5 de la mañana; desde la alabanza a Jesús en la Eucaristía, desde el estudio, desde el trabajo manual que realizamos para ganarnos el pan del día, desde cada uno de esos momentos rezamos por el mundo y con el mundo. En la iglesia no somos visibilidad sino presencia.

Después de más de 400 años seguimos aquí, porque nuestra vocación contemplativa es de AMOR. Este es nuestro gran secreto para ser felices: estar enamoradas, no de un ideal ni de un gran proyecto, sino de Jesucristo."

SOR MANUELA DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS CATERIANO

Manuela Cateriano y Rivera nació en Arequipa en 1818. Fue hija de Teodoro Cateriano y Bejara no y de Brígida de Rivera y Artieda. Uno de sus hermanos, José Andrés fue magistrado; otro, José Higinio, se dedicó a la agricultura en el valle de Majes y el menor, Mariano Ambrosio, fue historiador y rector de la Universidad de San Agustín. La religiosa tomó el hábito el 21 de octubre de 1835 y profesó como monja de velo negro, con el nombre de Manuela del Dulce Nombre de Jesús, el 8 de setiembre de 1936. Fue elegida priora en 1872 y en 1882. Con especial autorización del Obispo, el fotógrafo arequipeño Emilio Díaz le hizo este retrato poco antes de su fallecimiento. 


BOTICA

En el huerto del convento se cultivaban muchas de las plantas medicinales utilizadas para aliviar dolores y males. Para obtener los medicamentos se trataban las plantas medicinales en alambiques, de los cuales se obtenía vapor que se convertía en líquido.
Los frascos que se exponen en estas vitrinas son todos originales y muchos de ellos exudan los productos que toda vía contienen.

Las medicinas eran preparadas por el boticario adscrito o por las mismas monjas, y las enfermas eran atendidas por la enfermera del convento. El ingreso de un médico a la clausura estaba permitido, siempre y cuando fuera indispensable, y la enferma era atendida en compañía de otra monja.
SALA DE HOSTIAS

Este ambiente servía para la fabricación de hostias. El instrumento que se ve en esta habitación es un tamiz que se utilizaba para obtener una harina muy fina con la que se hacían las hostias.
En este sector, donde se encuentran las viejas construcciones de la calle Córdoba, lo primero que se aprecia en esta celda, es la cocina con sus cacharros y luego dos ambientes. En las alacenas se exhiben antiguas planchas y una máquina de coser, así como muestrarios de bordados con sus respectivas plantillas, y que fueron utilizadas para las labores que hicieron.
ARQUITECTURA EN AREQUIPA

El Monasterio de Santa Catalina ejemplifica mejor que ningún otro monumento local la evolución arquitectónica de Arequipa, desde su fundación española hasta fines del siglo XIX. La variedad de soluciones técnicas y estilos, que van del arcaico inicial al barroco y el neoclásico mestizos ha dejado su inconfundible huella en la ciudadela. La evolución corre pareja con la cronología de los temibles terremotos que han asolado la ciudad. Hubo, al inicio, tres dramáticos sismos en 1582, 1600 (originado por la erupción del volcán Huaynaputina) y en 1604.
La primera propuesta arquitectónica optó por muros de cal y canto, con canto rodado, sencillas portadas hechas con el tufo volcánico llamado sillar, techos de par y nudillo con paja y, posteriormente, de tejas sobre estructuras de madera rústica. En el siglo XVII el uso de bóvedas de sillar, ya utilizadas en los templos de la ciudad, se trasladó con vistosos resultados a la arquitectura civil. En esta época se origina la llamada "Escuela arequipeña de arquitectura", con el característico canteado y labrado del sillar, único material de construcción hasta mediados del S. XIX.

Los terremotos de 1784 y de 1868 obligaron a reconstruir y modificar radicalmente muchas viviendas, iglesias y edificios oficiales. Después del sismo de 1784, la influencia neoclásica va a reemplazar lo barroco, como se advierte especialmente en la catedral de la ciudad. Luego del sismo de 1868, las bóvedas caídas o dañadas comienzan también a ser re emplazadas por techos de sillar con rieles, provenientes del ferrocarril Mollendo Arequipa Puno que comenzó a funcionar en 1871.

EL MURO PERIMETRICO

Durante buena parte del S. XVII, muchos lotes urbanos de la pequeña ciudad, a la que rodeaba una extendida y pintoresca campiña, seguían marcados por tapias y cercos rústicos, mientras que los conventos mantenían extensas superficies de huertos y jardines dentro de la trama urbana. En algunos casos -Santa Catalina, por ejemplo- esas superficies estaban cercadas con simples bardas. Hacia 1660 el Obispo Juan de Almoguera "cercó de fortísimo muro" el Monasterio, construcción que hasta ahora se conserva, excepto en el lado que corresponde a la calle Zela, donde fue expropiada parte de la huerta para ampliar la pista.

REGLAS DE LA ORDEN DOMINICANA

El primer convento que fundó el célebre Santo Domingo de Guzmán fue, precisamente, un convento de religiosas en Prulla, Francia, en 1210, con un grupo de herejes conversas y mujeres piadosas. El Santo encargó a las religiosas la oración y contemplación para que ayudaran espiritualmente a los frailes de la Orden de Predicadores (Primera Orden) y a los seglares de vida activa de la Tercera Orden.
La Regla de San Agustín es la base de la legislación dominica, que abarca todos los aspectos de la vida religiosa, desde la caridad o el silencio hasta el vestido o la compostura. Según la regla las religiosas tienen, entre otras obligaciones diarias, la oración, el oficio divino (para las religiosas de velo negro); media hora de meditación por la mañana y por la tarde; el rezo del rosario y las labores manuales.

Reglas y organizaciones en el monasterio

El Capítulo suscrito en la fundación del Monasterio señalaba que la candidata a monja "debía ser española", dar una dote y llevar su ajuar. Con el correr de los años, esa y otras normas, como aquellas que sólo permitían a las religiosas "comulgar quince veces al año" o "lavarse y cortarse el pelo siete veces al año", han ido siendo modificadas de acuerdo a las sucesivas reformas conventuales.

La vida conventual es encabezada por la Priora, que preside el Consejo u órgano de gobierno y el Capítulo de Culpas (reunión semanal de confesión, reflexión y arrepentimiento de las religiosas).
La Priora es elegida cada tres años en el Capítulo Conventual, al que concurren las monjas de velo negro. Debe ser mayor de 35 años. Es asistida en su tarea por la Subpriora, la Vicaria y otras religiosas con cargo de oficialas principales: la Maestra de Novicias, la Secretaria del Consejo, la Procuradora (encargada de los bienes temporales), las Depositarias o Ecónomas (que custodian las rentas) y la Sacristana. A ellas se suman también la Enfermera, la Portera, la Archivera, la Celadora y las Torneras.

Para ser admitida y profesar en el Monasterio es necesario el acuerdo del Consejo, del Capítulo Conventual y de la Priora, además de dar parte al Obispo. El noviciado dura un año, prorrogable seis meses. La profesión de votos convierte a la novicia en religiosa. Los votos son de pobreza, castidad y obediencia. Las religiosas pueden ser de velo negro o de coro; o de velo blanco u obediencia. Estas últimas están al servicio de la Comunidad y no tienen derecho a voto.
El Monasterio de Santa Catalina pertenece a la Orden de Santo Domingo o Dominica.

La Regla Dominica trata de la caridad, la vida en común, la ora ción, el oficio divino, el ayuno, el silencio, el cuidado de las enfer mas, el vestido, la compostura exterior, etc.

Son obligaciones diarias la oración, la meditación, la labor manual y el cumplimiento de los trabajos inherentes al cargo que desempeñe cada religiosa.

RELOJ DE MEDITACIÓN

Bordado con hilos de seda, lentejuelas y canutillos, este Corazón de Jesús encerrado por una esfera de reloj señalando 24 horas, es un Reloj de Meditación o Reloj de la Pasión que pasa revista a los pasajes más saltantes de las últimas 24 horas de vida de Jesús, reseñadas en igual número de cuartillas poéticas.
Se trata de una ornamentada manualidad que invita al recogimiento a lo largo del día, realizada por sor Manuela de los Ángeles Gutiérrez, quien profesó como monja de velo negro en 1859, a la edad de 24 años, y más adelante fue priora del monasterio (1894-1898). La labor manual es una obligación cotidiana dictada en la Regla de la Congregación de Santo Domingo (este monasterio pertenece a dicha congrega ción).

Al parecer, inclusive los versos inscritos corresponden a la madre Gutiérrez, tal como lo sugiere la frase bordada en el extremo inferior: "Devoción de Sor M. de los A.G."

La particularidad de este Reloj de Meditación radica en que los momentos cumbres de la pasión están dispuestos de simbólica manera y correlacionados con la hora local en el supuesto momento de los acontecimientos. En el punto más elevado del círculo, cuando en Jerusalén son las 15 horas (aquélla en que se considera que murió Jesús), el reloj consigna para Arequipa las 8 horas. Es decir, la autora tomó en cuenta las siete horas de diferencia entre la hora de Arequipa y la de Jerusalén y consignó aquélla en relación a ésta en el lugar más destacado, disponiendo a continuación todas y cada una de las horas del Reloj.


EL MONASTERIO EN LA HISTORIA

A lo largo de sus más de cuatrocientos años de historia, el Monasterio de Santa Catalina no sólo ha visto modificarse su singular arquitectura sino que ha experimentado distintas reformas en la vida conventual. Puede advertirse, inclusive, que algunas de esas reformas incidían también en las edificaciones, según cómo se optara en el constante dilema entre vida comunitaria y la opción de una vida religiosa más individualizada (de acuerdo a la holgura económica de ciertas religiosas y a determinadas convenciones sociales).
En 1681 el Obispo Antonio de León visitó el Monasterio y dispuso, entre otras medidas, que ninguna monja "debía tener más de una criada a su servicio". Al año siguiente, el Monasterio dejó de estar a cargo del Cabildo de la ciudad para depender directamente del Obispado. Cuatro años después, el mismo Obispo estableció que debía anteceder al nombre de las religiosas la palabra "sor" o "sora" en vez "doña", como se estilaba hasta entonces, y que entre su nombre de pila y su apellido debían adoptar un nombre religioso. Dado el elevado número de religiosas que habitaban entonces el monasterio, el Obispo dispuso también que durante diez años no se admitiera a ninguna nueva religiosa.

Un curioso conflicto enfrentó a fines del siglo XVIII a las religiosas del Monasterio con el ilustre Obispo Pedro José Chavez de la Rosa. El Obispo visitó el convento y consideró necesarias una serie de reformas que tenían que ver con vida religiosa, la administración de las rentas y ciertas edificaciones conventuales. El Obispo desconoció también en un par de ocasiones la elección de autoridades del Monasterio, intromisión que fue rechazada por las religiosas que hicieron valer sus derechos electorales.

Las disposiciones del Obispo a favor de una vida comunitaria en el Monasterio -que por entonces, según el historiador Mariano Ambrosio Cateriano, parecía "una Babel de mujeres" por lo desordenado de sus construcciones y la arbitrariedad de algunos comportamientos- encontraron tenaz resistencia en las religiosas que entablaron un largo proceso judicial con el Pastor de la diócesis. El Obispo no logró su propósito reformador y tuvo que renunciar al cargo en 1804.

EL ESTRADO

El estrado (del latín stratum) fue un espacio conformado por una elevación en el piso cubierta por alfombras o esterillas y sobre las que las mujeres solían usar principalmente cojines para sentarse y socializar o compartir momentos de ocio; bordar, tocar música, tomar bebidas como el chocolate y hasta comer.
De influencia musulmana, el estrado delimita una zona asociada desde el siglo XV en España de manera especial a las mujeres. En la época colonial se mencionaban ya en el siglo XVII tres tipos de estrado:
· El estrado "de respeto", que sería un recibidor.

• El estrado "de cumplimiento", lo que sería una sala.

. El estrado "de cariño", que era el que se hallaba en el dormitorio de la dueña de casa.

La mayoría de remanentes de este espacio tan familiar hasta inicios del siglo XIX, han desaparecido "físicamente" en América Latina, debido a los cambios de moda que modificaron los espacios y también debido a que dichos espacios estaban con formados normalmente por un "ajuar" removible: las tarimas, las alfombras y los cojines, tapices y colgaduras, etc.

LA PRESENCIA DEL ESTRADO EN LAS CELDAS DEL MONASTERIO DE SANTA CATALINA DE SIENA

El estrado que encontramos en muchas de las celdas del monasterio de Santa Catalina, es del tipo de estrado "de cariño", conformado por una elevación en el suelo característica, que se encuentra siempre al lado de la cama.

La presencia de los estrados en las celdas del monasterio nos advierten que en la época de la Colonia se dio a estos ambientes un cierto uso social y de encuentro de manera similar a los usos civiles que existían en el exterior.

LA PROCESIÓN EN LA HISTORIA

Desfile público y solemne, la procesión es una antigua práctica común a diferentes culturas. El culto egipcio a Osiris y Bes comprendía grandes procesiones que congregaban a miles de peregrinos. En la antigua Atenas se realizaban cinco anuales: la de las panateneas, las de los misterios de Eleusis, y la de Yaco. En la Roma imperial, eran usuales las ambarviales, lupercales, triunfales, etc.
En el Perú prehispánico, batallas rituales mochicas culminaban con los vencidos desnudados y atados por el cuello en un cortejo ceremonial a través de los valles, en ocasiones a lo largo de varios días, rumbo al santuario principal, mientras los vencedores portaban los despojos. En sus andas de oro y plumerías, a su vez el inca volvía de sus campañas de conquista y se dirigía en procesión con sus soldados, al recinto del sol o Coricancha para depositar en él los ídolos o huacas de los vencidos.

Las primeras procesiones se habrían realizado dentro de lugares de culto buscando sortear la persecución de que era objeto entonces. Una procesión de antorchas tras la proclamación de María como Theotokos o Madre de Dios en el concilio de Efeso, en el 432 d.C., es considerada la más antigua. Luego, en la Edad Media (ss. V-XV), se empezó a realizarlas más frecuentemente, principalmente como actos de penitencia.

MOBIEMBRE ALAMARSAL

Buscando aproximar más la religión católica a la población así como enseñar los misterios de la fe, durante los siglos XIV y XV las órdenes mendicantes recurrieron primero a representaciones teatrales (autos sacramentales), para luego sacar las imágenes al exterior.

En la civilización andina, una ceremonia central era el paseo ritual de los mallquiso, momias de los incas (preservadas por las respectivas panacas o grupos de parentesco), junto con sus quipuccamayoc, cantando sus glorias alrededor del Aucaypata, hoy la plaza de armas del Cusco.


LAS PROCESIONES EN AREQUIPA

En Arequipa, llamada "la Roma del Perú", el fervor religioso de su población católica se expresa en numerosas fiestas en honor a sus santos patronos. Desde el 1 de enero, en que en el barrio de San Isidro, próximo al centro de la ciudad, el Nazareno recorre las calles próximas, no hay mes en que en alguno de sus distritos no se lleve a cabo procesiones.


De gran solemnidad, la Semana Santa es la celebración religiosa más importante. En la ciudad y sus alrededores se llevan adelante diversos cultos dentro de los cuales se cuentan las procesiones, que tienen como centro la figura del Cristo "Varón de dolores".

LAS PROCESIONES EN EL MONASTERIO

La comunidad de religiosas del monasterio Santa Catalina cuenta con una importante cantidad de imágenes que son objeto de la devoción de no pocos feligreses: desde la santa titular del monasterio, Catalina de Siena, pasando por su patrona la Virgen María en su advocación de los Remedios, así como la del Rosario, san Martín de Porras y más recientemente, la beata Ana de Monteagudo, a las que se les rinde culto a lo largo del año; además de las devociones de cada una de las monjas, como es el caso de san Nicolás de Tolentino o de las Ánimas del Purgatorio de la mencionada madre Monteagudo, por ejemplo. El propio nombre religioso de cada una de las monjas también nos permite conocer las distintas devociones de todas ellas. De la misma manera, cabe suponer que eran recordados los santos de la orden dominica. Esas devociones debieron tener su fiesta, unas solemnes y otras más sencillas, unas comunitarias y otras particulares.

Las procesiones, por tanto, no fueron ajenas al monasterio. Unas eran intra claustra, caso del Vía Crucis que celebraban el Viernes Santo en el Claustro de los Naranjos. Otras eran públicas, como la del Señor


COCINA

Esta construcción del siglo XVII fue la primera capilla del monasterio. A partir de 1871 se convirtió en cocina comunitaria. Contaba con despensa, panadería, repostero, fogones y un pozo de agua actualmente ciego.

ECONOMIA DEL MONASTERIO

Los ingresos del Monasterio de Santa Catalina provenían de las dotes que las novicias entregaban al profesar, de la renta de sus propiedades y de donaciones. En 1585, los gastos fijos eran los salarios del capellán (dos misas semanales), del maestro de canto, el médico, el procurador y el barbero, además de desembolsos corrientes como comida, vestuario y, en ocasiones, obras y ornamentos. La situación no siempre fue buena: los desastres naturales impidieron en ocasiones cobrar a tiempo las rentas y hasta hubo épocas en que se tuvo que recurrir al trueque, la entrega de objetos y productos y hasta de esclavas. Hubo también carencias presupuestales por el no pago de dotes y el exceso de legas; lo que hizo necesario reducir su número. En esos períodos se recibieron contribuciones especiales del Cabildo, el Obispado y de piadosos feligreses. En la actualidad, uno de los ingresos principales de la comunidad proviene de los visitantes.
No obstante, los rigores de la clausura, algunas personalidades tuvieron el raro privilegio de poder visitar el Monasterio antes de que fuera (oficialmente) abierto al público. El caso más recordado es el de la escritora y luchadora social Flora Tristán (París, 1803 -Burdeos, 1844). En 1833, Flora Tristán pasó una temporada en Arequipa, en un fallido intento por recibir la herencia de su padre, el coronel Mariano Tristán y Moscoso.

"En los tiempos ordinarios estos conventos son inaccesibles. No se puede entrar en ellos sin el permiso del Obispo de Arequipa" escribe Flora Tristán en su famoso libro Peregrinaciones de una Paria, en el que da cuenta también de los seis días que pasó en el Monasterio, gozando de la hospitalidad de las religiosas. Las agitadas vidas de Flora Tristán y de su nieto, el célebre pintor Paul Gauguin, han sido recreada por el escritor arequipeño Mario Vargas Llosa en la novela El Paraíso en la otra esquina (2003).


Las asonadas y levantamientos populares que sacudieron a Arequipa durante el siglo XIX, especialmente en las primeras décadas, cuando se afirmaba la naciente República, permitieron que mujeres y niños de algunas familias hallaran refugio en éste y otros conventos de la ciudad. En 1883, durante los tensos meses de la ocupación del ejército chileno, en las postrimerías de la llamada "Guerra del Pacífico", el Monasterio abrió también sus puertas para acoger, con las licencias respectivas, a familiares y benefactores que buscaban refugio.

El Monasterio se vio severamente afectado por los terremotos de 1958 y 1960, lo que determinó que las madres aban donaran el monasterio antiguo, para trasladarse a un local nuevo, construido en parte de la huerta. En 1968 se inició un cuidadoso proceso de restauración, que fue supervisado por el Instituto Nacional de Cultura, representado por el arquitecto Víctor Pimentel Gurmendi, y llevado a cabo por el ingeniero Eduardo Bedoya Forga y los arquitectos Gonzalo Olivares Rey de Castro y Luis Felipe Calle.

El Monasterio de Santa Catalina fue abierto al público en 1970, tras trescientos noventa y un años de clausura. Desde 1970 es administrado por la empresa Promociones Turísticas del Sur S.A., que realiza constantes labores de conservación, museología y acondicionamiento para garantizar su preservación y mejorar los servicios. Precisamente, a raíz del terremoto del año 2001, se llevaron a cabo importantes trabajos de restauración, con la consiguiente apertura de nuevos espacios de exhibición. En el año 2000, la UNESCO inscribió al Centro Histórico de Arequipa, con el Monasterio de Santa Catalina a la cabeza, en la Lista del Patrimonio Mundial.

BEATIFICACIÓN DE SOR ANA DE LOS ANGELES MONTEAGUDO 

El Papa Juan Pablo II, el 2 de febrero de 1985, en su visita a Arequipa, beatificó a la Venerable Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, en una ceremonia en la que monseñor Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, arzobispo de Arequipa, se dirigió al Santo Padre suplicándole humildemente incluir en el número de beatas a la sierva de Dios Ana de los Ángeles Monteagudo.
 Seguidamente, Su Santidad leyó la fórmula de beatificación:

Se llega a la Beatificación luego de un largo proceso que se inicia con el consentimiento de la Santa Sede y ante el Obispo del lugar donde murió el siervo de Dios. Se comienza el llamado "Proceso In formativo", en el que se investiga escritos sobre la vida y virtudes, citando a testigos que puedan dar testimonio veraz de ellas. Las actas son enviadas a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos. Si la Santa Sede lo encuentra favorable, el Papa da el Decreto de Introducción de la Causa. Comienza luego el "Proceso Apostólico", que consta de tres reuniones donde se discuten los fundamen tos para la Beatificación. Aprobados después los mi lagros, la Causa queda dispuesta para la Beatificación.

Dos siglos más tarde, en 1885, el Padre Vicente Nardini O.P., restaurador de la Orden Dominica en el Perú, en su viaje a Roma reanudó la Causa de Sor Ana de los Ángeles. En 1981, S.S. Juan Pablo II da por válido el milagro atribuído a Sor Ana de los Angeles en favor de la señora María Vera de Jarrín, quien fue diagnosticada de un tumor canceroso en el útero que se extendió a toda la zona pélvica, no teniendo ninguna posibilidad de curación. A los dos días de operada se sintió mejor y en pocos más sanó. Tres médicos certificaron que esto no se podia explicar científicamente. Ella afirmó que la curación se debió a la intervención de Sor Ana de los Ángeles, de la cual tenía una reliquia que había llevado el dia de su operación.

La celda donde vivió y se santificó la Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, está hoy convertida en Capilla, lugar de oración y peregrinación de decenas de devotos quienes vienen a visitar este santuario.



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