CATEDRAL DE CUZCO. PERÚ

Llegados los españoles al Cusco en 1533, realizan la fundación de la ciudad hispana el 23 de marzo de 1534, fecha en la cual se dan las primeras disposiciones de repartición y asentamiento de los vecinos llegados.

Desde los orígenes del descubrimiento, es fácil reconocer que uno de los principales intentos de la Corona de España al conquistar estas tierras, fué ganarlas para la fé. Obedeciendo a este propósito, se afanó por enviar misioneros que predicasen el Evangelio a los naturales y trató, por todos los medios, que en ellas estableciese la Cruz su pacífico reinado.

Al culto de los ídolos debía suceder el del verdadero Dios, los templos cristianos sustituirían a los adoratorios y huacas de la gentilidad. 
El padre Rubén Vargas Ugarte transcribe una de las primeras disposiciones relativas a la edificación de iglesias, que suscribe el 8 de diciembre de 1535, en Madrid, la reina doña Juana, gobernadora de España. Se dirige a Francisco Pizarro y destaca el encargo a fray Vicente de Valverde para edificar iglesias en los pueblos cristianos, para que se pongan sus ornamentos y se les ayude en la construcción con la menor vejación. 
Debía darse el cumplimiento de la Corona de dotar a las iglesias de ornamentos, imágenes y todo lo que fuera necesario para el culto, recibidos muchos de ellos en calidad de donativos para armar sus altares. 
La gran empresa de la evangelización se iniciaba, sin importar los métodos de sumisión consciente o sometimiento, y en la mayoría de los casos se eligieron huacas o recintos religiosos de importancia para el nativo para ahí superponer el nuevo mensaje religioso. […] los templos antiguos que generalmente llamaban guacas, todos están ya derribados y profanados y los ídolos quebrados, y el demonio, como malo, lanzado de aquellos lugares, y en su lugar puesta la cruz para temor y espanto del demonio. 
Es así que, en un clima de adversidad, el nativo ve la destrucción de lo que antes fuera su construcción-símbolo. Los agentes de evangelización edificaban con la misma piedra, como en el caso de la Catedral, un templo cristiano. Tal vez los antiguos quechuas presintieron este hecho; por eso, el material elegido, la piedra de su recinto, fue el más resistente.
Fue una forma de desafiar al tiempo y al espacio, para dar testimonio en la posteridad de que, aunque la cortaran, destruyeran y reordenaran, sus moléculas, sus propias entrañas seguirían vivas con diferente ropaje: Wiraqocha estará presente en la Catedral por todos los siglos que han de venir, en arena y piedra.


El espacio inca 

El Cusco incaico tenía, como concepto de la reproducción del espacio, la partición en cuatro partes. Esta visión, que integraba el espacio-ciudad con la dimensión estatal, consideraba las regiones del Chinchaysuyo, Antisuyo, Collasuyo y Contisuyo. Los aterrazamientos, a manera de un descenso desde las colinas circundantes, muestran un ejemplo único de adaptación a la topografía, conocimiento del suelo y administración del territorio. 
El río Saphi, en su cauce de piedra, cruzaba la gran plaza central dividiéndola en dos partes: al oeste estaba Cusipata, la “plaza del regocijo”, donde se concentraba el pueblo en las fiestas. 
Al este, Haucaypata, con los muros de piedra de los palacios en tres de sus lados. Como anotan dos cronistas, Juan Polo de Ondegardo y Pedro Sancho de la Hoz en sus Relaciones, la tierra del Haucaypata fue trasladada a otros sitios como señal de reverencia, se cubrió de arena hasta en dos palmos y medio, y se sembró de adornos. Es interesante aclarar que la plaza principal de la que fuera capital del Imperio de los Incas se denominó Haucaypata. Ya en 1926, Luis Eduardo Valcárcel apuntaba que la Plaza de Armas actual ha sido llamada Waqaypata, pero los historiadores más antiguos y fidedignos como Cristóbal de Molina, Pedro Cieza de León y Juan de Betanzos la nombran siempre Auqaypata. El nombre del emplazamiento de la actual Catedral ha tenido varias imprecisiones; debemos indicar primeramente que la denominación de Quiswarcancha es errada. John H. Rowe, dice: […] El responsable de la identificación del galpón de la iglesia como el Quiswar Cancha no es Garcilaso, sino el Jesuita Anónimo (a veces identificado por error como Blas Valera). En el No. 9 de la Revista del Archivo Histórico (1958), Cornejo Bouroncle publicó un “extracto” del libro de Cabildo con la misma identificación. Pero en el texto original del libro de Cabildo (ms, en el Archivo Departamental) no hay ninguna referencia al Quiswar Cancha; esta referencia es una añadidura de Cornejo, o de su paleógrafo, José Pacheco. Es un ejemplo bonito de la contaminación de los textos por editores que piensan saber más que los autores originales”. Este error de denominar como Quiswarcancha al espacio catedralicio se repite en publicaciones de Jesús Manuel Covarruvias Pozo y se generaliza en diferentes estudios posteriores. De igual forma, en manuscritos antiguos o en consulta con cronistas, no se ha encontrado Quiswarcancha como denominación del sitio de la iglesia antigua, por lo que queda pendiente su verdadera ubicación en el Cusco antiguo.

Los solares para la Catedral 

Al llegar los españoles, el primer lugar que aparece designado es el de la iglesia. Esto se observa tanto en la fundación de la ciudad del Cusco, el 23 de marzo de 1534, como en el repartimiento de solares del 29 de octubre del mismo año, donde se señala el sitio o solar que era un buhío7, estructura inca que fue ocupada para la primitiva iglesia en el sitio actual de la Iglesia del Triunfo. Allí se celebró la primera misa, y se cambió así su uso pagano al de la religión cristiana. En fecha posterior al repartimiento de solares (hacia 1535), Francisco Pizarro había señalado el primer sitio para la Iglesia Mayor entre las casas de los hermanos Pizarro, es decir, en el barrio de Cassana, junto al río Huatanay, hoy Portal de Panes.

La idea y el proyecto inicial 

Aunque el primitivo edificio había sufrido varias reformas, su estado era bastante modesto en comparación con las intenciones constructivas que se querían implantar en este Nuevo Mundo, a imitación de los modelos catedralicios europeos. Es así que, en estos tiempos, son dos los personajes que destacan: el obispo Solano, ferviente impulsor de las modificaciones de la iglesia antigua y hombre de propósito incansable por ver iniciada la construcción de la nueva Catedral; y, por otro lado, el primer arquitecto o maestro mayor, realizador de estos anhelos11. Juan Miguel de Veramendi, el primer arquitecto. Maestro en las artes de la arquitectura, vizcaíno de nacimiento, tenía en su haber varias obras de importancia, como las iniciadas en 1555 para la Catedral de Sucre, La Plata y Chuquisaca, entre otros lugares.
La Catedral en 1650 

Por el efecto sísmico, la iglesia primitiva quedó seriamente dañada y en la Catedral, con daños menores, se cerraron las bóvedas y se prosiguío con la construcción de las torres.



La Catedral en 1664 

Este año se terminó de construir la capilla abierta del Triunfo y la Catedral se preparaba para ser inaugurada en 1668.

LA IGLESIA DEL TRIUNFO 

Derruida la primitiva Iglesia Catedral como consecuencia del sismo de 1650, el entonces licenciado Diego Arias de la Cerda emprende la construcción de un monumento, la capilla abierta del Triunfo, a partir de 1658. El concepto de esta edificación fue el de lograr una capilla abierta que, a manera de un templete rematado por una cúpula, sirviera a los fieles como sitio de veneración antes de su paso a la Catedral. 

Al llegar a Cusco, el obispo Mollinedo y Angulo impulsa notablemente las obras de arte religioso, y para la Catedral deja una réplica en plata del tabernáculo, posiblemente fabricado en el último tercio del siglo XVII. Se tienen pocos datos de la función y ornamentos del templete, pero una contribución para su conocimiento es el informe de un fuerte temblor acaecido el 30 de diciembre de 1702, en el que se describen los daños ocasionados en dicho lugar y se determina su importancia. El obispo Bernardo de Serrada, al visitar el sitio del Triunfo, encuentra que este importante lugar para el catolicismo estaba descuidado y maltratado por el tiempo y por la falta de conservación. Es importante tener en consideración que esta construcción no fue totalmente derruida por excepción: excepto la bóveda o media naranja de cuatro arcos y otras tantas columnas. La puesta de la primera piedra, que fue el 26 de octubre de 1729 a las diez de la mañana, se realizó con las ceremonias apropiadas a la importancia del templo. Paradójicamente, el obispo Serrada, en carta dirigida al rey el 28 de mayo de 1732, informa sobre sus labores constructivas en el Triunfo, describiendo la importancia de esta Catedral y aseverando ante lo visto […] siendo la más hermosa y firme de todas las Cathedrales, que he visto, y tiene el Perú. De esta manera el obispo describe la importancia de la construcción de un edificio que complemente a la Catedral, que sería la Iglesia del Triunfo. También se lee en dicha carta una breve descripción de la construcción, que denota aspectos de cómo y qué superpone al templete del Triunfo en la nueva construcción. 
La utilización de tinajas fue la solución para evitar la sobrecarga y dar a la cubierta de las bóvedas de la sacristía la inclinación necesaria. Durante los trabajos de restauración de la Catedral después del sismo de 1986, ha sido interesante observar y deducir los cambios en la historia de este sector del monumento. A consecuencia del cierre de bóvedas que cubrió el espacio circundante a la capilla abierta o templete rematado con una cúpula en piedra, se presentaron unos cambios constructivos en las bóvedas contiguas de la Catedral. Al cerrar las bóvedas del Triunfo, estas quedarían más altas que las bóvedas de la capilla hornacina contigua y la sacristía de la Iglesia Catedral. 
El problema principal estaba en buscar la solución a la evacuación de aguas, ya que al cerrarse las bóvedas del Triunfo, las dos bóvedas catedralicias quedaban en un nivel inferior con las gárgolas obstruidas. Las soluciones, de gran ingenio, fueron dos. Encima de la capilla hornacina de la Catedral (actual espacio designado a los ornamentos de plata), y sobre la bóveda original, se construyó una bóveda de cañón, con lo que se logró solucionar los problemas de agua y de iluminación, ya que debajo de la bóveda de cañón se encuentra la ventana superior que ilumina la nave de la Epístola. Para la sacristía se acusó mayor destreza y técnica; había que encontrar en las bóvedas de arista una nueva pendiente para evacuar el agua y, lógicamente, no se debía sobrecargar las bóvedas, ya que sus características, diferentes a las de una bóveda de crucería, que sí acepta sobrecarga en las pechinas, necesitaba una solución singular. La respuesta fue reutilizar botijas o tinajas de vino que, por su sección, evitaban la sobrecarga y proporcionaban la pendiente deseada. Esta es solo una muestra de las diferentes etapas constructivas que se mimetizan y superponen en la construcción catedralicia.

LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA

 Durante el siglo XVIII fue escasa la actividad constructora en el Cusco. La reconstrucción de los edificios destruidos por el terremoto de 1650, llevada a cabo a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII y que culmina durante el episcopado de Manuel de Mollinedo, había exigido un formidable esfuerzo económico.

PINTURA, ESCULTURA YPLATERÍA

 Durante siglos, el Cusco fue el centro de una avanzada civilización cuyos dominios llegaron a comprender extensos territorios de América del Sur. Al producirse la conquista, cambió el curso de su historia y fue refundada en 1534 como ciudad española. A pesar de que dejó de ser la capital, al ser desplazada por la Ciudad de los Reyes situada en el litoral, el antiguo centro del poder incaico mantuvo su importancia. Para ello fue determinante el descubrimiento de los yacimientos de plata de Potosí en 1545. Estos se explotaban con mercurio proveniente de Huancavelica y, al estar situada en un punto intermedio entre esos dos enclaves mineros, Cusco se convirtió en el centro de abastecimiento de Potosí, que se asentaba en un páramo carente de recursos. La antigua capital incaica se vio revitalizada y transformada en un emporio comercial e industrial que proporcionaba a la villa minera –de más de 160,000 habitantes– productos alimenticios, azúcar, textiles, confecciones, lienzos pintados, muebles y objetos artísticos. La plata potosina explica, entonces, por qué Cusco no languideció y, por el contrario, retomó su auge y esplendor y vivió una verdadera edad de oro durante el siglo XVII. En ese contexto, y a pesar de tener que remediar los daños del terremoto de 1650, se culminó la edificación de su Catedral y se hicieron las más representativas iglesias barrocas. 


Fuentes: tesoros de la catedral de Cusco.
D.S. y N.V.

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