El cine frente al juicio del tiempo: presentación de "El último tango en París, un escándalo entre dos siglos" de Eva Peydró

Dentro de la colección Cine y Derecho de Tirant lo Blanch, el libro de Eva Peydró se plantea como un ensayo accesible pero riguroso sobre uno de los filmes más polémicos del siglo XX. No se trata únicamente de un estudio cinematográfico ni de una revisión histórica aislada, sino de una reflexión sobre cómo cambian las miradas culturales, jurídicas y morales con el paso del tiempo. A partir del caso paradigmático de El último tango en París (1972), la autora propone examinar la relación entre creación artística, censura, ética y memoria colectiva.

Desde las primeras páginas se percibe que Peydró no pretende escribir una defensa ni una condena, sino abrir un espacio de análisis. En la introducción plantea que la película de Bernardo Bertolucci quedó marcada desde su estreno por una publicidad escandalosa que la convirtió en fenómeno social, disto rsionando su recepción como obra artística. A esa polémica inicial se suman hoy debates contemporáneos sobre las condiciones del rodaje, el consentimiento y la representación del cuerpo en pantalla. El resultado es una obra que ha vivido dos vidas críticas distintas: la de la provocación setentera y la de la revisión ética del siglo XXI.

El libro se organiza de manera clara, casi pedagógica. Se articula en dos grandes bloques interpretativos. El primero estudia la película como objeto estético y cultural, atendiendo a su contexto histórico, a la trayectoria del director y a los elementos simbólicos del film. El segundo examina la recepción polémica, la censura, la moral sexual y los debates contemporáneos que han reconfigurado su lectura.

Uno de los aspectos más interesantes del volumen es la manera en que Peydró enmarca la figura de Bertolucci. El ensayo reconstruye brevemente su formación intelectual, marcada por la poesía, la política y el contacto con Pier Paolo Pasolini. Este trasfondo permite comprender que El último tango en París no surge como simple provocación, sino como culminación de una búsqueda personal sobre el deseo, el duelo y la identidad masculina. La autora sugiere que la película encarna una forma de exploración emocional y psicológica poco habitual en el cine comercial, lo que explica tanto su impacto artístico como la incomodidad que generó.

En este sentido, el libro insiste en que el film no puede reducirse a sus escenas polémicas. Peydró subraya la importancia del lenguaje audiovisual, del uso del espacio, del tono casi ritual del relato y del retrato del protagonista como figura devastada por la pérdida. Este enfoque permite rescatar el carácter sensorial y simbólico de la obra, situándola dentro de una tradición cinematográfica más cercana al cine europeo de autor que al escándalo mediático que la rodeó.



El estilo de la autora contribuye a esa intención divulgativa. Peydró escribe con una prosa clara, con un ritmo que combina exposición académica y reflexión ensayística. No abusa del tecnicismo ni de la jerga teórica, lo que facilita la lectura a un público amplio. Sin embargo, el texto mantiene una base argumentativa sólida, apoyada en referencias críticas, citas de estudiosos del cine y contextualización histórica. Esa combinación hace que el libro funcione tanto como introducción al tema para lectores no especializados como punto de partida para debates más profundos.

Especialmente notable es la capacidad de la autora para vincular la historia del film con transformaciones sociales más amplias. A lo largo del ensayo, la película aparece como espejo de cambios en la moral sexual, en la concepción del autor cinematográfico y en la relación entre arte y responsabilidad pública. Peydró sugiere que el escándalo no reside solo en el contenido de la obra, sino en la forma en que cada época decide interpretarla.

En el segundo bloque del libro se analiza precisamente esa dimensión polémica. La autora revisa los procesos judiciales, la censura italiana, las prohibiciones internacionales y el largo debate sobre si la película debía considerarse obscena o artística. Lo interesante aquí no es tanto la enumeración de hechos como la lectura que Peydró hace de ellos: la obra se convierte en un caso paradigmático del alcance que pueden tener las instituciones legales y sociales sobre la creación cultural.

A esta historia de la censura se suma la relectura contemporánea del film a la luz de debates actuales sobre consentimiento y representación. Peydró no evita la cuestión, pero tampoco la aborda desde una postura simplificadora. Más bien plantea que el problema revela la tensión entre la autonomía del arte y las exigencias éticas de la sociedad. En lugar de ofrecer respuestas definitivas, el libro invita a pensar cómo se construyen los juicios morales sobre las obras y cómo esos juicios cambian con el tiempo.

En la conclusión del ensayo aparece con claridad la tesis central: El último tango en París puede considerarse simultáneamente una obra de gran potencia estética y un film marcado por un defecto ético. Esa coexistencia, sostiene Peydró, explica por qué la película sigue generando debate más de cincuenta años después. No se trata de decidir si es una obra maestra o un escándalo, sino de comprender por qué ambas lecturas siguen siendo posibles.

El libro resulta particularmente interesante por su enfoque interdisciplinar. No se limita al análisis cinematográfico, sino que incorpora elementos de historia cultural, teoría del derecho, estudios de género y crítica artística. Esta perspectiva permite situar la película dentro de una red de discursos más amplia, donde intervienen la ley, la moral, los medios de comunicación y la memoria social.

La figura de Eva Peydró emerge en el texto como la de una ensayista que combina sensibilidad cinematográfica y mirada jurídica. Su formación en el ámbito del derecho se percibe en la atención que presta a los procesos legales, la censura institucional y la dimensión normativa del escándalo. Al mismo tiempo, su interés por el cine se manifiesta en el cuidado con que analiza la puesta en escena, el simbolismo y la estructura narrativa del film.

En algunas entrevistas concedidas a medios culturales, por ejemplo en conversaciones con la revista El Cultural, Peydró ha señalado que su intención no era reabrir un juicio moral sobre la película, sino mostrar cómo las obras artísticas se transforman cuando cambian las sensibilidades colectivas. Esa idea atraviesa todo el libro: el cine no es un objeto fijo, sino un fenómeno vivo que se reinterpreta constantemente.

El tono del ensayo refleja esa voluntad de diálogo. Peydró evita la retórica combativa y opta por una argumentación matizada, consciente de que el caso que estudia sigue siendo emocionalmente cargado. Su escritura busca comprender antes que juzgar, contextualizar antes que simplificar. Este enfoque hace que el libro resulte especialmente útil en un momento en que los debates culturales tienden a polarizarse.



Otro de los aciertos del volumen es su capacidad para mostrar cómo un film puede convertirse en un símbolo cultural. El último tango en París aparece como un punto de encuentro entre la libertad creativa de los años setenta, las batallas legales por la moral pública y las discusiones contemporáneas sobre poder y representación. La película, en la lectura de Peydró, no es solo una obra cinematográfica, sino un campo de batalla cultural donde se cruzan diferentes concepciones del arte.

El libro concluye sin cerrar del todo la discusión, lo que parece coherente con su planteamiento inicial. Peydró sugiere que el verdadero interés del caso no está en resolver el conflicto, sino en observar cómo la historia de la película revela las tensiones de cada época. En ese sentido, el escándalo del que habla el título no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue activo en la manera en que hoy pensamos el cine, la ética y la memoria cultural.

Como presentación del volumen, puede decirse que se trata de un ensayo breve pero sustancioso, bien estructurado y escrito con claridad. Ofrece una lectura equilibrada de una obra controvertida y demuestra que el análisis cultural puede ser al mismo tiempo riguroso y accesible. Más que dictar una sentencia sobre la película, el libro propone una invitación a mirarla con ojos históricos, conscientes de que toda obra artística está sujeta al juicio cambiante del tiempo.

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