Naïssam Jalal transforma la Salle Nougaro en un espacio de escucha y sanación
El pasado jueves 19 de febrero, la Salle Nougaro acogió uno de esos conciertos que no se limitan a ser escuchados, sino que se viven como una experiencia interior. La flautista y compositora Naïssam Jalal presentó su proyecto Healing Rituals, una obra concebida como un viaje espiritual y sonoro, donde la música se convierte en gesto de reparación, memoria y respiración compartida.
Acompañada por un trío de gran sensibilidad —Clément Petit al violonchelo, Claude Tchamitchian al contrabajo y Zaza Desiderio a la batería— Jalal desplegó durante 1h15 una música que osciló entre la introspección, la trance y la contemplación. Desde los primeros compases se percibió que el concierto no iba a seguir la lógica del jazz de exhibición, sino la de un ritual: tiempo suspendido, escucha atenta y una narrativa construida a partir del silencio tanto como del sonido.
El repertorio, extraído del álbum Healing Rituals —saludado por la crítica como uno de los mejores discos de jazz de 2023—, se articula en ocho piezas concebidas como ceremonias simbólicas de curación. En directo, estas composiciones adquirieron una dimensión aún más orgánica. La flauta y el nay de Jalal, a veces etéreos y otras profundamente terrenales, trazaron líneas melódicas que parecían surgir de una respiración colectiva. Su voz, utilizada con sobriedad, añadió una dimensión casi chamánica al conjunto.
El violonchelo de Petit aportó una densidad lírica, mientras que el contrabajo de Tchamitchian sostuvo el espacio con una presencia grave y meditativa. La batería de Desiderio, lejos del virtuosismo ruidoso, se movió con una delicadeza ritual, construyendo pulsaciones más cercanas al latido que al ritmo convencional.
Uno de los aspectos más destacables del concierto fue su economía de medios. No hubo efectos superfluos ni gestos grandilocuentes. La música avanzó con un minimalismo cargado de intención, dejando espacio para la resonancia emocional del público. La sala, en varios momentos, quedó sumida en un silencio denso, casi sagrado, antes de que los aplausos irrumpieran como una liberación.
Healing Rituals no se presenta como un simple programa musical, sino como una invitación a reconectar con uno mismo y con los demás. En la Salle Nougaro, esta propuesta encontró un entorno ideal: un público receptivo, un espacio íntimo y una interpretación que privilegió la presencia sobre el espectáculo.
Más que un concierto, fue una experiencia de escucha profunda. Y en tiempos marcados por la saturación sonora, esa forma de belleza contenida resulta, quizá, una de las más necesarias.


