PARQUE LOS ARRIEROS. EJE DEL CAFÉ, COLOMBIA

El eje cafetero está repleto de parques,  uno de los más originales es éste, el "Parque los Arrieros" que se encuentra aquí. Con entradas sobre 6 euros. Desde las 10 de la mañana, empiezan representaciones teatrales sobre distintos elementos de la región, todo relacionado con los arrieros, como si fuera un mini festival de Manizales en versión arriero, un verdadero lujo. Las obras teatrales acaban a las 3:30 de la tarde. 5 horas de constante teatro, con buen humor y una forma perfecta para aprender algo, que de otra forma, podría resultar tedioso.



Los distintos shows y obras de teatro que comienzan desde las 10 son :

➡️Fonda arriera
➡️Los trovadores
➡️El show de bailes típicos
➡️Procesos del café
➡️Teatro del arriero Chucho y Soraita. ➡️Matrimonio de la bobita del pueblo. 
➡️El proceso de la Panela. 
➡️Proceso de arrería. 

Después quedan dos horas para interactuar con los animales, los museos, como el del farol, el pueblo arriero y el resto del parque.
Para poner contexto al parque, para aquellos no familiarizado con la región, explicaremos un poco la historia de la zona y del arriero, y hablaremos del conocido por todos Juan Valdes.
La colonización antioqueña (es decir, la que ocurrió en el eje cafetero) históricamente se ha definido como el desplazamiento de campesinos desde la región antioqueña hacia el sur, en dirección a los actuales departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y algunas partes del Valle del Cauca y Tolima. Dada su extensión espacial, la colonización no fue inmediata, sino progresiva, y su inicio data de finales del siglo XVIII con las reformas del oidor Juan Antonio Mon y Velarde para enfrentar el empobrecimiento de Antioquia. 

Las medidas tomadas por el oidor incluyeron la instauración de nuevas colonias agrícolas que incentivaron la producción y eventual colonización a tierras no explotadas. 
Así como se ocuparon terrenos baldíos, se inició la fundación de nuevas poblaciones en los territorios donde se ubicaban los campesinos y sus familias. Esto llevó a que a principios del siglo XIX se denominara colono a la persona que había participado en la fundación de la colonia o aldea, y colonizador a quien había derribado un pedazo de selva y levantado el rancho para la familia.
Tal era la intensidad de la colonización, que para mediados de siglo se habían fundado las poblaciones de Abejorral, Aguadas, Salamina, Neira, Santa Rosa de Cabal, entre otras. De esta forma, el proceso de colonización implicó una activación económica del territorio al expandir la frontera agrícola y fundar pueblos sobre terrenos que en otro tiempo fueron salvajes. Como consecuencia de este proceso de colonización, se construyó una imagen particular de los habitantes de esta región como la población ideal de la República, lo que se evidencia en las imágenes y descripciones hechas por integrantes de la élite decimonónica en sus viajes a la región, antecedentes de la figura de Juan Valdez.
Para empezar, se debe aclarar que a lo largo del siglo XIX las élites colombianas se preocuparon principalmente por la construcción de nación, lo que implicaba conformar un gobierno, pero también conocer la República en términos de territorio, habitantes, recursos e infraestructura para proyectar su futuro.
Con este objetivo, se crean empresas como la Comisión Corográfica, encargada de describir la joven nación y sus diferentes provincias para determinar su utilidad para el progreso nacional. Asimismo, otras figuras pertenecientes a la élite se dedican en sus publicaciones a describir las características de las regiones y sus avances en términos de civilización. Tal es el caso de José María Restrepo, Manuel Pombo y Manuel Uribe Ángel. También es importante tener en cuenta que las élites decimonónicas piensan el proyecto de nación desde una posición de enunciación específica.
De esta forma, la identidad nacional que buscaba la élite decimonónica, es decir, aquella que era útil para su proyecto de nación, se construye con una preferencia por la región antioqueña y sus habitantes. Así mismo, esta identidad serviría para diferenciar a los antioqueños como una población superior en el siglo XX, por lo que algunas de las características explicadas pasarían a conformar la figura de Juan Valdez con algunas transformaciones. La más evidente sería la idea de un antioqueño blanco, vigoroso y trabajador que representa internacionalmente un conjunto heterogéneo de sujetos. Para entender mejor la apariencia y significado de Juan Valdez, primero se debe entender una imagen aún más específica del antioqueño: la figura del arriero.   
El arriero 
La arriería es una actividad humana que consiste en conducir animales de carga de un punto a otro, por lo que se puede rastrear su uso en todos los continentes y en diferentes momentos de la historia de la humanidad. Antes de la llegada de los conquistadores, la arriería ya era practicada en América por los indígenas con los animales de carga a su disposición, tal es el caso de los incas con las llamas. 

Sin embargo, con el proceso de colonización en América, se importaron nuevos animales de carga como caballos, los cuales se adaptaron a la difícil geografía andina y a las grandes extensiones de tierra plana propias de Argentina, Uruguay y México. Por este motivo, es posible encontrar variedades de la arriería y el arriero en toda América, así que entender esta práctica con un enfoque regionalista sería un error, pues es una labor expandida a nivel global. Incluso el arreo de mulas en el contexto cafetero no es exclusivo de Colombia, pues en Brasil, uno de los principales países exportadores de café a nivel mundial, se habla de los tropeiros. Estos trabajadores, igual que los arrieros colombianos, dirigían las mulas con los granos de café ya preparados al ferrocarril o directamente a los puertos. 
 En el territorio colombiano, la arriería se remonta a la colonia, cuando los españoles importaron el uso de animales de carga como el buey y la mula para el transporte de personas y objetos por la accidentada geografía colombiana. Esto fortaleció la importancia del oficio del arriero en todo el territorio ya que este aportaba a la comunicación y a la movilización de mercancías. 

En la región antioqueña, el papel del arriero sería fundamental para su desarrollo.
La función de los arrieros los posicionó como una figura ejemplar y representativa de los valores antioqueños, un arquetipo casi heroico en la región.
Esto último se puede ver en fuentes escritas: el poema “Los arrieros de Antioquia”, escrito por Tobias Jiménez en la revista El Montañés (1897). 
En su poema Jiménez describe la jornada laboral de los arrieros y las pequeñas acciones que realizan a lo largo de su viaje. La idea sobresaliente a lo largo del poema es la del arriero sin temor alguno de la naturaleza adversa, pues no es un hombre común y corriente: “Llevan la frente erguida como titanes, // Hay tormentas de fuego sobre sus ojos, // No temen en la selvas los huracanes, // No temen las serpientes en los rastrojos”. 

Los arrieros se enfrentan a la naturaleza y la doblegan, una acción que se le atribuye a su carácter como habitantes de la región. En esta medida, el arriero es una figura que ayuda a diferenciar a los antioqueños, pues encarna su tenacidad para el trabajo, pero también su compromiso con el progreso económico; una imagen que converge con la de los colonos de mitad del siglo XIX, quienes representaron la ampliación de la tierra productiva.  

Creación del arriero más famoso: Juan Valdez 
Su aporte a la constitución de una identidad nacional colombiana  fue vital.
 
Durante la crisis cafetera de 1958, en la que hubo un desbalance entre la producción y el consumo de café, se creó a Juan Valdez como una estrategia de diferenciación para aumentar las ventas del grano en el exterior. Con este propósito, la Federación Nacional de Cafeteros le encargó a la compañía neoyorquina Doyle Dane Bernback la campaña de promoción, cuyo objetivo principal fue diferenciar el café colombiano de su competencia como un producto de calidad superior y así aumentar su propia demanda usando las preferencias del consumidor final. 

Para cumplir con su objetivo, la primera misión de la compañía fue, como explica el antropólogo Jairo Tocancipá-Falla, “ encontrar el prototipo del cafetero colombiano, en carne y hueso, que ‘simbolizara y personificara’ a más de 500 mil cafeteros cuyas vidas dependían del café”. Al final del proceso, se creó al personaje de Juan Valdez con un nombre de fácil pronunciación para los angloparlantes y apariencia que representaba una figura autóctona nacional. La campaña de mercado se lanzó en 1960 y Juan Valdez se mostró por primera vez ante el mercado estadounidense en la edición dominical de The New York Times interpretado por José Duval, un cubano de origen español. En esta fotografía a blanco y negro se muestra a Juan Valdez acompañado de su mula Conchita y vestido con todos los elementos que conforman el atuendo del arriero: sombrero aguadeño, alpargatas, poncho, camisa, pantalón de dril, carriel y el machete atado su cintura. Desde este momento un arriero paisa con todos sus atributos empezó a representar a la FNC, sus cafeteros asociados y eventualmente a toda la comunidad imaginada llamada Colombia. Con esto en mente, el presente capítulo analizará y problematizará dichos niveles de representación a partir de lo planteado sobre la construcción de nación decimonónica y el imaginario establecido del arriero paisa.  Es decir, se toman todos los valores asociados a los cafeteros y se utilizan pensando siempre en posicionar el producto colombiano para así aumentar la demanda del mismo. 
De esta forma, la FNC usó la figura del arriero para ilustrar que el motivo detrás de los elevados costos del café colombiano era todo el proceso artesanal y cuidadoso al que se debe someter el grano para garantizar un producto de calidad superior. Por este motivo, la figura escogida no aludía a una tecnificación de la industria cafetera, sino a la rusticidad de un procedimiento más tradicional. Aun así, resulta llamativa la elección de un arriero paisa para representar a todos los caficultores asociados a la FNC y sus valores, cuando estos trabajadores se encargan ante todo de mover la mercancía, más no del resto de acciones implicadas en la producción del café. A pesar de esto, en una de las imágenes promocionales de Juan Valdez se pueden ver los diferentes pasos de la cadena de producción del café como la siembra, recolección, secado/pilado y finalmente, el transporte; en todas las etapas del proceso está involucrado Juan Valdez. Acompañando las cuatro imágenes se lee la frase central: “Es mejor enriquecerse lentamente”, una referencia a la paciencia de los cultivadores para producir el café más rico del mundo. Aunado a esto, en la esquina inferior izquierda está la promoción del programa de televisión en el que Juan Valdez le enseñaba a los televidentes el proceso para preparar un buen café colombiano. Esta parte de la promoción corresponde a un enfoque didáctico con el cual se usaba a Juan Valdez para ilustrar a los consumidores sobre los motivos por los que el café colombiano era mejor. 
Con esto se diferenciaba el producto colombiano mostrando que su calidad se debe a familias cafeteras, como la de Juan, quienes dedican todo su tiempo a sembrar, recoger, secar y transportar el café hasta los consumidores finales. Algo a resaltar de estas cuatro fotografías es que en todas se conserva el atuendo del arriero, incluso Conchita aparece involucrada en el proceso de siembra, cuando la mula, como se vio antes, en realidad solo ayuda en el transporte final de la mercancía. Sin embargo, esto no debía saberlo la audiencia estadounidense, el mercado al que estaba dirigido la campaña, por lo que cualquier imprecisión respecto a la producción del café sería pasada por alto en favor de mantener la imagen unificada de Juan Valdez. 
Al final, en esta figura se junta una mezcla de diferentes elementos con la que todos los integrantes de la comunidad se pueden identificar, porque representa ciertos valores como la familia trabajadora, y en pantalla hace un performance de los oficios y domesticidad cafeteros. 


Fuente: Parque Los Arrieros, Luisa Fernanda Borja.


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